Todos tenemos algún secreto, hay muchos tipo de secretos...

Todos tenemos algún secreto, hay muchos tipo de secretos...

sábado, 20 de diciembre de 2014

Navidad sin reyes magos ni anuncios de playmobil.

Tintinea la navidad en los portales del pequeño pueblo en el que permanezco arropada, congelada y escondida.
Yo busco en mis cajones algún cigarro que me caliente las manos mientras el viento le pega una paliza a la ventana de la habitación.
Las calles son vestidas por luces rojas y doradas, que gritan mensajes de amor y paz que nadie llega a leer porque van con la cabeza resguardada por un paraguas que "Joder, puto paraguas de los chinos no se está quieto, se me va, ¡Se me va!". 
Fuera de aquí las personas van corriendo entre coches buscando los regalos más baratos que puedan encontrar, las mejores marcas sin arruinarse, el árbol de navidad más grande que les deje para turrones y cava, que es más barato para brindar.
Fuera de aquí obligan a las ciudades a cegarse por las luces de navidad, por los renos de papá Noel corriendo en la calle como perros normales disfrazados.
La gente enciende cigarros que no se terminan antes de subir al tren. Se pierden y desorientan los niños, ¿Por qué tanto jaleo si son los reyes los que traen los regalos para todos? Los que van creciendo lloran sin humedad porque ya saben que el único rey que hay en España ha jurado ya bandera. Y crecen de repente, sin ganas de que llegue la navidad porque cree que ya no existe magia. Que la magia solo eran los reyes y las luces de navidad.
Algunos lloran en estas fechas por todo lo que no han hecho, y van luchando a contrarreloj desarmando y armando todas las promesas que se hicieron la última nochevieja. Algunos lloran más alto creyendo que la navidad nunca volverá a tener sentido si ya no volverán a estar todos juntos.
Los hay que odian la navidad, todo el malgasto, todo el narcisismo, las mentiras, (los que creen que ya no existe la magia), que es el mercado y El Corte Inglés los que han creado la navidad, los que han convertido estas fiestas en dinero y dinero.
Los hay que aman la navidad, y van luchando porque sean para todos unas fiestas felices, para todos, unos dulces muy dulces, unos regalos muy dorados, un brindis eterno, una fiesta llena de villancicos.
Tintinea la navidad en los portales y el tío de la radio aprovecha para desearnos feliz navidad a todos los oyentes.
Tintinea la navidad muy lejos de casa y en todas partes.
Tintinea la navidad en tu casa creas en jesucristo, en dios o en la ciencia. 
Porque la navidad ya no es una celebración religiosa, una celebración consumista, ya no son los reyes ni papá Noel, ya no son las promesas rotas del año anterior ni las personas que faltan este año en la mesa. Ni las pelis tontas y ñoñas que más que  animarte, te deprimen.
Porque la navidad ahora es sólo un proceso, y pronto volverás a creer en esa magia, esa magia de volver a casa por navidad, esa magia de ver a los pequeños crecer, de ver sus ojos inundados de magia al mirar el cielo y la chimenea, de sonreír por la ilusión de que todo vaya a mejorar, y crearemos otra vez, como hicieron nuestros padres, nuestra propia navidad, llenando los huecos vacíos, contando historias viejas en las que los viejos somos nosotros.
Porque brindar con cava barato no importa, porque las luces pierden el sentido y los villancicos dejan de ser legibles, porque la navidad es la reunión, la navidad cobra un nuevo sentido, estar con quien quieres, deseando desde el fondo de la botella y de tu alma, que no en navidad, que siempre, siempre estén ahí y siempre, siempre sean felices.
La navidad tiene traducción, vacaciones dedicadas a los que más quiero.


martes, 9 de diciembre de 2014

Agita tus alas fuerte.

Tan fuerte y tan mortal.
Tan valiente y con miedos.
Tan amoral y con moral.
Escribo sobre la capa de hielo que hay sobre mi almohada, "Tú puedes".
Escribo sobre las nubes rojas que me azotan aquí arriba, "Sigue hasta la cima".
Respiro y duele, respiro y sangro.
Respiro y vivo.
Respiro y puedo, seguir hasta la cima, me escribo con la navaja en la muñeca "Work Hard". Y miro hacia la cima sin miedo a caerme. Sin miedo a tropezar y resbalarme, sin miedo a ser una mortal que tiene escrito un final.
Esta no será mi última cima, será la primera que me haga ver lo pequeña y grande que soy, cuando volamos, cuando crecemos, cuando nos sentimos fuertes y mortales.
No llores, las lágrimas aquí arriba escuecen como absenta en las heridas.
No lo pienses, no lo dudes. Una vez has llegado aquí bajar es el suicidio.
Y es que nada está perdido hasta la muerte. 
El último minuto de tu vida puede alargarse eternamente.
El último suspiro puede ser de felicidad.
No te rindas, no te hundas. 
Agarra ese bidedo, claro, claro que puedes, coge aire, y sube los pies. 
Todo es difícil, porque la vida es complicada, como una gincana, no, como una batalla campal sin armas, tampoco, como luchar a barlovento contra el viento, casi, como patinar sin ruedas, puede, como volar sin alas. Si, como volar sin alas.
Pero qué jodida felicidad, que jodida felicidad te llena el corazón, los pulmones y hasta el hígado, cuando no puedes más y puedes, cuando no aguantas más y aguantas, cuando no quieres y sigues, y lo consigues, y respiras, y estás vivo, vivo de verdad, sintiéndote mortal y fuerte, sintiéndote valiente y teniendo miedo.
Y puedes, y luchas.
Aprende a volar sin que nadie te enseñe, solo agita tus alas bien fuerte.
No hay nada perdido hasta que dejas de respirar, para siempre.
No dejes de luchar aunque no veas salida, no importa, no tienes que verla, ni sentirla, solo has de buscarla sin cesar.
Trabaja duro y la cima te lo recompensará.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Sangre en ebullición.

-No voy a dedicarte más tiempo que el que le pienso dedicar a este cigarro, tú dosis es mucho más mortal.
Estoy cansada de escuchar cómo te mientes, de cómo te crees esas historias mal construidas que intentas colarme como sino estuviera escuchándote de verdad, cómo si tuviera alguna especie de  defecto que me hace creer en gilipolleces contadas por gilipollas.
-Tienes suerte, me he equivocado al darle al botón de la máquina, este tabaco de pijos tiene menos alquitrán, tienes veinte segundos más.
-Te escucho.
Y asiento, y noto como mi sangre hierve como el café que hay puesto en el fuego desde hace media hora, mi sangre roja tiene menos cafeína pero más alcohol.
Abro la ventana, el frío de esta ciudad de viento me azota en la cara y me enfría las manos, pero no el coraje.
-¡Cállate! Entre tus gritos y excusas el ruido de café me está poniendo más negra que mis pulmones.
Aspiro el humo del cigarro mal prensado con tanto énfasis que casi me ahogo con mi propio oxígeno, ojalá fueras tú el que te ahogaras.
-¡No me toques!
-No te necesito, ¡No te necesito ¿vale?!
-Deja de mirarme con esa jodida cara de cachorro, deja de pedirme perdón como si lo sintieras, deja de hablarme como si me quisieras.
Necesito alcohol para no oír como te grito en la cabeza, y le echo un chorro de baileys al café ardiendo.
-¡Deja de mirarme así, joder!
-Como si te importara lo que estoy haciendo.
-No, no te creo, no ¡Claro que no porque es mentira!
-¡Mierda! ¿Ves lo que me has hecho hacer? ¡He tirado todo el maldito café!
Tiemblo, me está entrando mucho frío, pero no quiero cerrar la ventana. Quiero tirarme de ella, ¡Escapar por ella y no volver jamás!
-¿¡Qué!? No, no he bebido. No me busques la mirada, ¡Qué no me mires así joder!
-¿Y a ti que más te da cuántas horas llevo despierta o a base de qué lo he conseguido?
-Déjame. ¡Déjame, déjame, déjame en paz!
-¡Vete, lárgate!
-No voy a llorar. ¡No pienses que voy a llorar por ti!
-Tienes razón, me voy yo. 
-Si, si que lo has dicho, ¡Me voy! ¡Me voy ahora mismo de aquí!
-¡No, déjame joder!
-¡Qué me dejes!
-¿Ves? Ya lo has roto.
-¡No, no he sido yo!
-¡Vete a la mierda!
-Cojo mis cosas, no, de lo que me has dado no quiero nada, no, no quiero tu asqueroso dinero, ¡Déjame, si te sientes culpable ve a drogarte y que se te pase!
-Vete a la mierda.
-No, no necesito nada más, me quiero ir ya, esa mochila está bien. Me llevaré el whisky.
-No, es mío.
-¡Que no! ¡Qué es mío! ¡Pues te compras otra con tu puto dinero robado! ¡Que es mío te digo joder!
-A la mierda.



-Lo he roto porque me ha dado la puta gana, quita.
-Que te quites de en medio.
-¡QUÍTATE DE AHÍ ME CAGO EN LA PUTA!
-¡PUES TE QUITO YO!



-Deberías ir al médico. Se te puede infectar.
-Adiós.
-Que te jodan. Pero que te jodan para siempre.

martes, 2 de diciembre de 2014

Ni príncipes azules ni reyes de la oscuridad.

He marcado cada mes más distancia de tus pequeños ojos castaños pensando que así te sentiría más lejos y notaría menos tu ausencia y no, ahí estás grabado con una estaca en mi corazón.
¡Me cago en internet y en las buenas conexiones de wifi!
Ahí estás, cantándole canciones al aire, canciones que hace años me solías cantar a mí, y como duele, que tengas esa voz tan bonita y ya no use sus cuerdas vocales por mí, que no me dediques esas letras, que ya nada volverá a pasar.
Siempre pensé que conocería a otro, y los conocí, y no eres el más listo ni el más guapo, puede que ni siquiera hayas sido el que más me ha querido, es más, estoy segura de eso. Y en cambio, aquí estoy, años y años después, acordándome de ti, del día en que te conocí y pensé "Eso nunca".
No recuerdo el día en que supe que mi corazón empezaba a palpitar con vida propia por un nombre propio, y lo negaba y lo negaba "Yo no me enamoro joder, no soy de esas". 
No recuerdo el momento exacto en el que me dí cuenta pero sí recuerdo las palabras de una amiga mía "Puede que la rubia sea yo pero aquí la tonta eres tú". 
En el momento me dio más por reírme que por pensar, pero ahora me da más por pensarlo que por reírme.
La tonta era yo, y ya nunca más he vuelto a serlo, nunca más he vuelto a desear simplemente mirar unos ojos durante largos minutos, acariciar una piel sólo por acariciarla. No he vuelto a casi querer a nadie, casi, porque me niego a creer que eso fuera amor.
Puedo ser mala con otros hombres, no decirles ni mi verdadero nombre, irme de puntillas cerrando la puerta con cuidado, puedo dejarles con un "Lo siento, pero no". 
Pero contigo no puedo, no puedo ni recordarte con rencor.
Mi rencor por ti está caramelizado, horneado y envuelto en dulces.
No quiero ser esa chica, y no lo soy si tú no estás.
Y no quiero dedicarte una letra más de mi vida, pero qué le voy a hacer si los príncipes azules no me gustan y los reyes de la oscuridad me asustan y tú estabas en medio, sigues ahí.
Fue tan bonito, tan intenso, tan cursi y repulsivo.
Y ya ni te casi quiero, pero me jode en el alma no poder casi querer a nadie, no porque me destrozarás, no porque no me enseñarás, solamente porque, por alguna razón no he vuelto a mirar con los ojos con los que te miraba a ti, a nadie.
No puedo, no me sale, los miro, más grandes, más verdes, más azules, más oscuros, más tiernos, más blandos, más fuertes y solo veo su color, pero nada que haga palpitar a mi corazón. ¡Te juro que lo intento!
Y es que es verdad, yo no me enamoro joder, no soy de esas.
Pero cuando pruebas la dulce agonía de volverte un idiota casi enamorado, mierda, es peor que la coca, porque ninguna cama caliente podrá dejarte igual de satisfecho.
Qué tendrás que por muchos meses que pase sin recordarte vuelves a mí sin más y no puedo dejar de pensar en porqué tuve que hacerlo, y sobre todo en porqué mierda no he podido volver a hacerlo nunca así.
Tan cursi y repulsivo que me hacía llorar purpurina.
Un cigarrito por nuestro asqueroso cariño y
nuestro rencor caramelizado.
Ay, niño, si por lo menos tu estuvieras enamorado de otra, sería todo más fácil, pero me consta que no, que nunca pudiste casi querer a nadie más. 
Y mira que lo intestaste, compulsivamente y con todo lo que me rodeaba, pero no, no te guardo rencor, yo también te busqué en otros ojos, qué estúpido creer que hay dos personas iguales. ¿No te parece?


Bailar baladas con la soledad.

Puedo impedir que los demás vean mi sufrimiento.
Puedo fingir que sonrío todo el tiempo.
Todos tenemos problemas, me digo, y a la vez me grito "no llores". Dijimos que no lloraríamos nunca más.
Las lágrimas se me secan en las retinas antes de salir, y no lloro, aunque dentro de mí siento la misma sensación que si estuviera vaciándome en lágrimas de formol.
Y bebo unas gotitas de bienestar, un chorro de felicidad, un trago largo de tranquilidad, me relaja hasta los músculos, me hace sonreír sin fingir.
Aunque me sigue doliendo dentro de mí, la soledad.
Ese mal que me atenaza, que se ríe de mí porque sabe que siempre tendré que tratarlo y todavía no, todavía no he sido capaz de acabar con él, no he sido capaz de abrazarlo y encajarlo en un puzzle en nuestra cama.
Se me hace grande la almohada.
Se me hacen largas las sábanas.
Se me hace la vida pesada.
No me acostumbro a ella.
Y por mucho que la trate, por mucho que baile con ella, nos pisamos los pies en cada tres por dos.
He estado mintiéndole, diciendo que sé estar junto a ella, pero no es verdad, no sé. Creí que había aprendido, pero cuando me alejo de ella unos segundos, y volvemos como si nada hubiera pasado, un agujero de su tamaño se me hace en los pulmones.
Puedo fingir de dentro a fuera, pero no de fuera a dentro.
De dentro a fuera sale el humo blanco.
De fuera a dentro se pega el negro a mis pulmones.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Goodbye, mi lover.

No tengo mucho tiempo, en realidad la cerveza ya se me ha calentado y parece sopa fermentada pero antes de irme quiero decirte, más bien confesarte algo que quizás todavía no sepas en estos momentos.
Te quise, es más, te quiero.
Pero no lo suficiente, y eso que nunca he querido a nadie tanto como a ti.
Te prometo que sólo pensaba en ti cuando te susurraba al oído lo mucho que te quería, te prometo que no quise mentirte aquella noche, bueno, aquellas noches en las que dijimos soñadores e impacientes que podríamos huir juntos, que nunca nos encontrarían.
Pero no puedo meterte en esto, no podrías, aguantar conmigo tantos días de hambruna, soledad y miedo. No es tan fascinante como en las películas, no es tan apasionante, es más bien taquicardíaco, pero de verdad que te quise. Puede que no desde la primera noche, quizás si aproveché tus influencias, tu completa fe en mi prudencia, en mi inocencia, en mi sonrisa blanca que se te antojaba la de un ángel idiota.
Admite que un poco de gracia si que tiene, o por lo menos para mí, pensaste que tú serías el que estaba aprovechando esta relación para salir indemne de esta situación y por lo visto yo corría más rápido.
No es una carta para que me perdones es más bien una advertencia, no te vendí. 
Jamás daría tu nombre, pero no son idiotas.
Nos pasamos las noches planeando en el bar del hotel, por mucho que nos besuqueáramos como una pareja normal, no lo éramos, nunca lo fuimos y ellos tienen ojos. Muchos.
Se me ha hecho más tarde de lo previsto y mi avión está apunto de irse sin mí, pero no puedo irme sin despedirme de ti por la misma razón por la que lo puse todo en peligro quedándome más de lo debido.
Me enamoré de ti, de tus ojos de bandido, de tu sonrisa apedreada y tus heridas de guerra.
Me hubiera gustado despedirme de ti con una buena botella de vino y una noche eterna en el hotel, pero no sabría irme de ahí sin ti. Cada vez  me costaba más separar tu piel de la mía que se empezaban a pegar como un velcro perfecto.
No hace falta que te lo explique todo, lo sabes, cuando mirabas a otro lado mientras te mentía, cuando cerrabas los ojos mientras te ocultaba, lo sabes todo, nos intentamos usar y en el camino nos quisimos, pero esto no es un amor de película y tiene que terminar.
Aquí y ahora.
No me busques, ni me llames, ni me recuerdes.
Te quiero y te quise, de verdad.
Cuídate.

lunes, 24 de noviembre de 2014

No podrías ser mi lobo feroz.

Mi día comienza a las cuatro de la tarde cuando enciendo mi primer cigarro y termina a las cuatro de la mañana con mi último trago.
Lo siento chico, pero tu carita de ángel no pega con mi cola de diablo.
No me mires con esos ojitos pequeños y dulces porque me tienta el diablo a bebérmelos de un trago como si fuera ron con cola.
No es que sea mala y por eso no quiero acariciar tus labios es que no quiero hacerte más daño del que ya te habrán hecho.
Ángel mío, a mi me arrancaron las alas antes de aprender a volar, tú todavía puedes llegar a pisar el cielo alguna vez.
Sólo te traería problemas, créeme, soy como un imán para los negocios sucios, esos que los chicos buenos como tú solo oyen por las noticias.
Lo nuestro es sólo una ilusión, no aguantarías conmigo ni un sólo asalto.
No quiero que piensen que es porque me han hecho daño, y es que yo desde que pise la tierra convertí mi corazón en una piedra de acero.
No llores por mi o me tentará el diablo a beberme tus lágrimas, y cuando te bese no te querré dejar marchar.
No tienes cabida en mi día, tú te levantas a las siete como un niño bueno y a las diez estás en casa mirando embobado la televisión, apenas has probado más alcohol que la cerveza, y tus labios casi vírgenes no han probado ni la doble malta para desayunar.
¿Por qué me buscas si sabes lo que puede pasar?
No me obligues a hacerte trasnochar.
Que yo soy un animal de instintos y pasiones que vive las noches y baila bajo la Luna. Aullándole como un lobo feroz, un lobo embrujado.
Nunca podrías domar a un lobo de las montañas como yo, la única que me manda es la Luna, cuando está arriba del todo significa que tengo que salir de caza.
Ángel de ojos oscuros, no me busques por los bares sucios, no me interrumpas los negocios, no me invites a una copa, no me obligues a morderte que lo mío es contagioso y una vez te muerda o te conviertes en un lobo adorador de lunas llenas o te marchitas a los pies de las montañas.
Ay, niño bueno huye de los lobos feroces que siempre dan problemas.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Que no termine nunca la pasión, que no terminen nunca los besos dulces y amargos.

Y si te miro a los ojos, así tan de cerca, así tan fuerte, la pasión nos puede, no somos tan resistentes.
Que si todo se llena de gente y tus ojos oscuros se me pegan a la piel y tu aroma se me cose en cada poro yo no aguanto más. 
Y cierro los ojos porque sé que no, que no es lo correcto, que no es el momento, que no es el lugar. Pero cuando inspiro y se me llenan los pulmones de tu fragancia siento que no puedo más.
Que se me olvida lo correcto y lo incorrecto, que el mundo desaparece y siento como junto a ti todo lo demás se destruye a nuestro paso, se convierte en ruinas, en una ciudad abandonada, un fantasma que apenas puede intentar dar miedo porque no tengo ojos para otra cosa que no seas tú.
Y cuando siento que me miras, así, tan de cerca, con la sonrisa puesta, con el corazón acelerado asomando por tus ojos, todo se acaba destrozando, acabamos con todo, y nos quedamos solo con las sonrisas puestas y nada más encima ni debajo.
La pasión nos puede, la pasión nos consume.
Siempre acabamos desnudos y abrazados antes de salir a cenar.
Y no es suficiente para ti, no es suficiente para mi, cuando a la luz de las velas me vuelves a mirar así, tan de cerca, tan fuerte que casi noto tus ojos paseando por mi piel, y ya empezamos otra vez.
Puede que nos ganen muchas parejas en su forma de querer, puede que muchas parejas se cuiden más, pero ninguna sabe hacérselo sin hacérselo como nosotros, ninguna pareja habrá que se necesite tanto tan de cerca.
Nunca creí que pudiera vivir con alguien sólo por la pasión y al terminar a veces me digo, "Esto no está bien" "Esto no es normal" y tú entonces me hablas al oído, casi dormido, ronco, y tu voz es el último punto de la lista, la última pieza del puzzle y no puedo resistirme a quedarme ahí contigo, abrazados piel con piel, voz con voz hasta que me duermo entre tus brazos.

martes, 18 de noviembre de 2014

Hasta que llegue a la Luna

Mientras el viento me azota con fuerza como un látigo de seis esquinas en la espalda, mientras las nubes me bañan en su vapor y me reducen la visibilidad yo no puedo estar triste tan cerca de la Luna como ahora, la veo reflejándose miles de metros por debajo de mi en el lago de cristal, como una bailarina plateada, como una patinadora profesional me la imagino dando giros en el aire con el pelo y la piel brillando en la noche.
Tan cerca estoy de ella, que aunque no pueda verla si miro hacia arriba porque sus ahijadas las nubes no me quieren dejar, no puedo estar triste.
Estoy a más de dos mil metros menos lejos de ella, casi puedo llegar a creer que puedo tocarla. Casi.
Me fumo un cigarro porque apenas me queda comida y no puedo gastarla antes de llegar a ella.
La quiero invitar a cenar.
El calor del cigarro me abriga las manos mientras escribo en el cuaderno de piel que traje a este viaje.
Las personas abajo, pequeñas hormigas que se mueven muy lento desde aquí arriba, me llamaban loca.
Loca por emprender un viaje sin mirar si podría volver.
Loca por emprender una lucha contra la que todos creían que perdería.
Loca, completamente loca por no tener miedo. Por luchar. Por soñar y cumplir.
Y no soy yo la loca, que son ellos los que tienen miedo.
Y claro que yo lo tengo también, pero no hay valor sin miedo.
No existe héroe si no ha sentido miedo y aún así ha sido héroe.
Que cuando una persona ha querido luchar hasta el final por dentro el miedo le aterraba, pero de tanto crecerle el miedo salió por sus poros, se deshizo por las puntas de sus dedos.
Yo lo noto, como después de querer rendirme, de saber que no podía más, de aguantarme las lágrimas mordiéndome la lengua hasta bañarla en sangre, de intentar respirar cuando me faltaba el aire, de dar media vuelta y bajar unos metros, unos muchos metros, pero me dije ¡No, tengo que hacerlo! Por mí. Porque nada ni nadie puede cumplir un sueño por otra persona.
Yo quiero tocar a la Luna.
Quiero hablarle a centímetros de su hermoso ser.
Y subí, y lloré, y sufrí, y me dolió, y ahora estoy aquí, y siento que el miedo se me fue cayendo en estos últimos mil metros, y de repente siento como nada puede con mi fortaleza interior, y si muero, que sea intentándolo, que si muero sea subiendo esta montaña.
Estoy decidida a llegar a ti.
Puede que sólo otros locos me entiendan y me sonrían mientras sus ojos me dicen ¡Con dos cojones! Pero sus labios sólo sonríen, porque saben que aunque quiera no siempre se puede.
Pero les demostraré que quererte es poder.
Y ese poder es el que me da fuerzas para quererte más fuerte.
Para luchar más alto, para llegar hasta el cielo y la Luna.
Mis manos se estropearan, mis pulmones ya gritan que no pueden más, y mi piel se afina tanto que a veces veo mi sangre correr por mis venas.
 Pero mi corazón y mi cerebro me chillan ¡Lucha! Y nada puede contigo si tú corazón está tan locamente enamorado que ha convencido a tu cerebro de que querer es la única opción.
Y te lo digo a ti que estás leyendo esto, la piel se desgarra, los pulmones se atrofian, los dedos se agrietan
La bailarina del cielo negro.
, nada es eterno en esta vida excepto el sueño que ahora tienes y que debes cumplir.

Será la diferencia al morir entre tú y yo, mi cadáver nunca tendrá un velatorio de ataúd abierto, pero mi sonrisa se verá tras la madera y dirán ¡Murió feliz! ¿No crees que merece eso la pena?

lunes, 10 de noviembre de 2014

Sueños negros.

Anoche tuve un sueño, del que tengo que salir.
Me persigue por las esquinas, atraviesa las paredes cual fantasma.
Era un sueño repetido, lo recordaba todo, ahora ya solo recuerdo la angustia y el dolor.

Hace unos años soñé que iba de la mano de una persona muy querida, enseñándole esto y aquello de la nueva ciudad en la que vivía, que una noche y sin avisar me había venido a visitar.
Esta noche soñé, que otra persona a la que un día quise había venido a esa misma ciudad fantasma, esa ciudad que sólo existe en mi cabeza, vestida de gala, a verme.
Todo me pareció bien, no me importó recordar un poco algunas cosas, que me fueran familiares las personas que nos íbamos encontrando, sentir que nos miraban todas ellas.
Estábamos bien, éramos felicidad envuelta en papel de gala.
Hasta que llegó el momento en que recordé que había pasado en el anterior sueño, que iba a pasar en este.
Era una despedida.
Una despedida para siempre de mi subconsciente, y yo no quería que se fuera.
Se la querían llevar al cajón oscuro, a la papelera. Era un adiós. Adiós para siempre.
Era una noche oscura y la Luna alumbraba justo en callejón cuesta arriba donde aquella mujer con la capucha tan negra como los ojos y los cabellos, ella la esperaba con la mano dirigiéndose hacia nuestros pies. 
Parecía una bruja. Una bruja de las de verdad, de las que se pueden meter en los sueños de las personas y hacer que olvides a las personas que un día quisiste.
Me dí cuenta, y empecé a gritar, ¡Es una despedida! ¡Queréis que no vuelva a venir! ¡Queréis que desaparezca de mi cabeza! ¡Que la olvide para siempre!
La ciudad entera me miraba, con sus extrañezas de sueños y sus personajes de la noche.
Enfadados intentaban quitarme aquella idea de la cabeza pero yo gritaba y lloraba y tiraba de su brazo hacía mí, y ella, con su sonrisa más amplia, que hace mucho, pero mucho que no veo en persona, no decía nada.
Y una fuerza negra se la intentaba llevar, la bruja, mi sueño, mi subconsciente, se la llevó para siempre, con la marca de mis manos en su brazo.

Empecé a notar que me ahogaba, y es que todo el mundo se acercaba aún más a mí, da mucho más miedo desde allí. Monstruos, oscuridad, dientes afilados y ojos inyectados de dolor y de rabia.
Corría, y sus voces sonaban como susurros y ecos en mi cabeza ¡Tienes que dejar de hacerlo! Repitiéndolo una y otra vez. ¡Deja de hacerte eso! Eran frases llenas de contenido, llenas de rencor, como si todo lo que yo hiciera les jodiera a ellos también, yo corría y corría y ellos estaban ahí, parara donde parara sin mover los labios, pero yo oía sus voces en mi cabeza. ¡Para! No querían el mal para mí, pero su manera de hacerme prometer que pararía, fue siniestra.
No dejé de correr, y ellos me decían "No vas a despertarte hasta que lo prometas".
Yo apenas podía respirar y notaba un pie fuera y otro dentro del sueño mientras las lágrimas negras inundaban mi cara fuera y la ciudad entera dentro.
No podía despertarme y aun así estaba despierta.
-¡Lo prometo, lo prometo! Déjame, déjame salir. -Jadeé, llorando.
Y salí de la ciudad, pero no desperté de aquél sueño.
Las brujas de mis sueños pueden convertir estas
costillas en plumas, este esqueleto en basura,
y es la basura con la que yo intento hacer poesía.

Y ahora tengo miedo de volverme a dormir.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Quizás sea un poco tonta.

¿Para qué mentir? 
Nada se me da mejor que besarte encima o debajo de las sábanas. Fuera o dentro de ellas.
No sé hacer muchas cosas bien en esta vida, y besarte es lo único legal de todas ellas.
Ni siquiera lo que hago antes, limpiarme las pieles rotas de otras personas que podrían estar haciéndolo encima de unas sábanas, pero yo les arrebaté todos sus futuros besos con sangre.
Ni siquiera lo que hago después, fumarme un cigarro y un poco de heroína líquida para sentirme todavía más conectado a ti, y menos al mundo.
Las sábanas se manchan de cenizas y tú te enfadas conmigo cuando sales de la ducha envuelta en una mini toalla blanca llena de quemaduras negras como tus ojos.
Me importa poco, desgastado como la pintura de la casa limpio las cenizas, más bien, las arrastro por las sábanas dejando ese color acenizado tan cool que tanto nos distingue a los que no podemos olvidar el cigarrito de después.
Te acuestas a mi lado hasta cabreada y yo sigo flotando, y deshaciéndome, y haciéndome, como un puzzle, un puzzle colocado.
Te agarro del cuello y te susurro al oído -Gracias cariño. - Como si me hubieras hecho un favor y no el amor, como si me hubieras dejado veinte pavos o te hubiera pagado yo veinte pavos por los servicios.
Resoplas, y te duermes mirando a la pared para no ver mis ojos inyectados.
Yo sonrío a tu figura dibujada por las sábanas.
Y pensar, que eso es lo mejor que te puedo dar.
Lo más grande que tengo, y las palabras más bonitas que voy a dedicarte jamás.
No sé como aguantas, supongo que sientes alguna deuda por mi, supongo que te excita el peligro, aunque a veces pienso que estás loca, o quizás, sólo seas un poco tonta.
De todos modos quiero darte las gracias cariño, te espero en la cama con dos cigarros, y veinte pavos, por si acaso. Feliz cumpleaños.
Siempre tuyo.
Tu chico.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Historias para antes de dormir.

Voy a contarte una historia que me pasó hace un tiempo, es una de esas historias que nunca me atreví a contar.
El primer recuerdo de aquellos días que tengo es subirme a un tren rojo, un tren que a medida que pasaba el tiempo, y sin que me diera cuenta hasta el final del trayecto, se iba encogiendo, subía hacia una montaña o una colina muy grande, tengo todos los recuerdos un poco mezclados como la ginebra con tónica, el trenecito se metió dentro de la montaña pequeña o de la colina grande, y todo se volvió oscuridad. 
En aquel momento me parecía normal, un tren pasando por un túnel, es lo que pasó después lo que me deja sin sueño.
Yo iba a una fiesta, a la celebración de algo que yo no celebraba, pero eso es otra historia.
Esperaba encontrarme qué sé yo, un montón de gente vestida de etiqueta, un fotógrafo y música en algún bonito lugar.
Pero cuando el tren pasó el túnel estábamos en un precipicio, unos centímetros más y podríamos caer reventando como melones, mi corazón se saltó dos latidos del miedo, y el tren frenó. 
El mar rodeaba lo que ahora era una isla y la única forma de volver era mediante el túnel en el que no cabía más que el pequeño tren rojo, pero el tren había parado.
Solo me quedaba ir hacia adelante.
Bajé el acantilado, las piernas se me derretían en cada paso como mantequilla al sol, pero seguía mirando hacia abajo y no hacia atrás, apoyándome en la pared agarrándome hasta que la montaña me mordiese en cada mano.
Había gente delante y detrás de mí, y había gente que seguía en el tren como un fantasma, como sino pudieran salir nunca de ahí, sentados inmóviles, a veces mirándonos, con los ojos negros y opacos. Y eso hacía que se me erizara la piel, y que me dieran ganas de correr cuesta abajo aún sabiendo que podía partirme el cuello.
Sentía que un montón de fantasmas me taladraban la nuca, sus voces se me metían en la cabeza, a veces sigo oyendo sus plegarias.
Llegué abajo, la isla parecía mucho más pequeña entonces, a desniveles, el resto eran rocas de cuatro o cinco metros ahí y allá.
No podía ver más porque la montaña detrás de mi y a mis costados de popa se había encargado de esconder lo que había detrás del túnel.
Me sentía un poco perdida hasta que vi la fiesta, pensé entonces que eran todo cosas mías, a veces le hecho demasiado baileys al café por las mañanas y me da mucha imaginación.
La fiesta era al aire libre, cuando llegué ya estaba terminando, había unas verjas que los protegían de las personas ajenas a la fiesta, personas por lo visto, como yo.
El gorila y el chimpancé de la puerta que no era puerta que era un maldito hueco en mitad de la verja me dijeron que no estaba en la lista. Sin buscar en ninguna lista.
Intenté gritarles desde las verjas, pero hacían como que no me oían, como si el fantasma fuera yo, como si ya no recordaran mi nombre.
Me enfade.
Tengo un pronto muy malo, y sus sonrisas de felicidad mientras me ignoraban, después de todo lo que habíamos pasado, después de todo lo que habíamos sido...
Esta parte no la recuerdo del todo bien...
Una de las personas que había fuera me dió de su petaca y en ese momento ni siquiera pensé que hacía tanta gente en el tren si lo único que había en la isla era esa estúpida fiesta a la que ninguno podía entrar.
Perdona, me estoy desviando.
El caso es que creo recordar que empecé a pegar a los monos de la puerta, me dieron una paliza bien bonita.
No tenían mucha técnica ni rapidez pero tenían fuerza y yo mala coordinación por culpa de la petaca.
Me quede esperando delante de la verja, mirando con odio hacia dentro.
Cuando, por alguna razón los demás empezaron a correr, un hombre vestido como un granjero moderno me dijo "Lárgate, vienen los nativos y están cabreados porque les hemos robado". Yo no había robado nada, pero eso no pareció importarles, vi una manada de gente en la otra punta de la pequeña isla, que no tengo ni idea de dónde cojones habían podido salir. Pero ahí estaban, sino lo llego a ver no lo creo.
Así que corrí en la misma dirección que el resto de pasajeros  del tren, nos topamos con el mar a los quince metros.
Me giré, los nativos no iban vestidos con pieles de animales, pero si llevaban armas por doquier, armas blancas y maderas afiladas, fuego, como cristianos persiguiendo a un aquelarre.
Tragué saliva. Y fui corriendo por las rocas de la isla, donde encontré un barco pesquero, en teoría, parecía más una canoa. Me subí y la saqué de las rocas remando como un cabrón, tres personas más vieron la oportunidad y subieron conmigo.
Olían a pis y a miedo.
Estuvimos remando y remando durante mucho tiempo, sin ver absolutamente nada, pero seguíamos escuchando los gritos de los nativos detrás nuestra, porque sí, ellos habían cogido una barca para seguirnos también.
Los brazos empezaban a quemarme, y el aliento se me secaba.
Puede que bebiera un poco para recobrar fuerzas, pero pasó, cuando la niebla lo empezó a cubrir todo, estaba sola en la barca. 
Creí oír a algunos tirarse al agua que estaba en proceso de congelación, los nativos ya no me seguían, dieron media vuelta, y me asusté. Pero seguí remando hacia delante.
La niebla se espeso tanto que había que apartarla con la mano y cuando empecé a ver...
Unas casitas de madera abandonadas en medio del mar, sobre unos pilares que tocaban el fondo llenos de vida marina, toda una ciudad hecha sobre pilares de madera separados entre sí, con un metro de distancia, todo era oscuro, tenebroso, frío.
Parecía un centro comercial, había maniquíes de porcelana, se reflejaban en la ventanas rotas, se veía dentro de las casetas toda clase de objetos punzantes, suaves, todos sucios y rotos.
Lo último que recuerdo es que gire la cabeza, y vi niebla detrás de mí, cuando volví a mirar a la ciudad fantasma sobre el mar, un maniquí de mujer de pelo negro se había evaporado, y empecé a oír voces.
Muy cerca de mí.


martes, 28 de octubre de 2014

Diez minutos.

Tengo diez minutos.
Diez minutos que se me van a hacer eternos y que a ti se te van a hacer muy cortos.
Diez minutos para explicarte porqué quiero explicarte esto.
Necesito los dos primeros para respirar, a veces lo único que nos hace falta es respirar profundamente.
Necesito el tercero para ordenar todo lo que tengo que decirte.
Me cuesta respirar en el cuarto minuto todavía, y es que todo lo que he hecho y he vivido depende de estos diez minutos, que puedo aprovechar para que el miedo me coma por dentro o para tener mis últimos diez minutos de ignorancia.
Porque después todo ya habrá pasado. Estará empezando esta guerra.
En el quinto tengo ganas de llorar y de gritar con rabia. Tengo fuerza en las manos y las piernas se me deshacen como la margarina.
Necesito el sexto minuto para que me digas que todo va a salir bien, porque a veces es lo único que necesitamos oír.
No quiero saber cómo lo voy a hacer, o cuán capaz me crees, solo dime que todo esto va a salir bien.
En el séptimo minuto los nervios me están devorando por dentro, como una serpiente de tres cabezas, corazón, hígado y pulmones mordisqueados y envenenándose.
El octavo minuto espero en silencio con la cabeza llena de voces y de gritos.
En el noveno necesito ver a la Luna plateada una última vez más.
No puedo, pero debo, levantarme aquí mismo y ahora, es mi turno y no sé si podré aguantar tanto tiempo sin respirar.
La última inspiración profunda antes de entrar en el agua.
El último minuto lo dedico al silencio de tus ojos mirándome mintiéndome, porque no sabes que todo va a salir bien e intentas que yo me lo crea sin haber intentado creértelo tu primero.
Y quedan unos segundos y yo veo la mentira en tus ojos oscuros antes de sumergirme.
Tiempo.
Un final que solo significa el principio de algo... Diferente.

domingo, 19 de octubre de 2014

El último beso de amor

No puedo dejar de pensar en ti.
En tu ausencia, que es como una bala entre mis costillas que intento quitar con unas pinzas de depilar oxidadas.
¿Con qué relleno el hueco de la bala que has dejado?
¿Con qué curo mis heridas sino estás?
Los trocitos de pólvora siguen bañando mi cara.
No soy capaz, no soy capaz de nada sin ti.
No es una carta de amor, ni siquiera te pido perdón, no te estoy diciendo que te quiero. No es bonito, es triste, como todo lo que hay a nuestro alrededor.
No voy a enviarte esta carta para que la leas mientras te regodeas en mi dolor.
Y es que me da miedo pensar que una vez te quise y que no voy a poder querer nunca a nadie más.
¿Y si te quise, esto es el amor?
No me atrevo a mirar a otra persona a los ojos por si vuelvo a ver esa magia que vi en ti. Por si vuelvo a ser una idiota, una estúpida que quiso creer que todo fue culpa tuya.
Y tenias razón, fue culpa mía.
No digo que fuera culpa mía creerte o hacer lo que tú me decías.
Fue culpa mía porque sabía donde estaba, conocía la oscuridad de tus ojos, la forma del poder del miedo y no dudé en hacer también mío todo lo bueno, tienes razón, quise creer que no era como tú, pero lo era, lo soy.
No dejo de pensar en qué hacer cuando salga de aquí, sé que me has encerrado pero... No sé si podría apuñalarte sin antes por lo menos darte un beso.

sábado, 4 de octubre de 2014

Hasta que la última bala nos separe.

La gente que dice que las palabras duelen más que los puños es porque no han probado los tuyos.
La gente que dice que las palabras se las lleva el viento es porque no te han conocido.
Tus palabras se quedan grabadas a fuego en mi piel, soldadas en mis costillas.
La gente que dice que es difícil es porque nadie les ha enseñado lo fácil que es romper una vida.
¡Pero no te pienses que estoy llorando!
Que cada puño que te esquivo son cien puntos, que cada palabra que no quemas en mi piel te la grabo yo con mi puñal carmesí.
Su color se funde con tu sangre.
Y me vuelves loca. Me he vuelto ya loca de atar.
Que fácil se derrite tu piel bajo el fuego de la chimenea.
Y tú pensaste que podrías conmigo. Como si yo fuera otra más.
¡Como si no me conocieras!
Rosas con espinas clavándose en nuestras espaldas mientras nos besaodiamos en la mesa de la cocina.
Te piensas que unas cadenas podrán conmigo, y me atas al cabezal de tu cama, que no es mía, que es solo tuya, como todo.
Y crees que podrás volverme sumisa, como si fuera un jodido Yorkshire.
¿Pero es qué no te has dado cuenta de que sino estuviera loca no estaría a tu lado?
¡Yo soy un Pitbull rabioso! No un puñetero Yorkshire.
Me echas veneno en cada cerveza y yo en cada plato te doblo la dosis de las pastillas.
Y nos sonreímos con asco, escupiendo a escondidas.
¿Con quién te crees que estás jugando?
La primera vez que usé un 42  no me tenía todavía en pie, capullo.
Ni siquiera sé porque por las noches cuando llegas apestando a alcohol me tiembla la mano al apuntarte.
Y es que no sé quien está ganando en esta guerra, ni siquiera sé de que bando estoy.
Cuando en mitad de la noche me entran ganas de acabar con esto siempre miro a la ventana y después de pensar en tirarme por ella siempre pienso en tirarte a ti.
¿No sería precioso morir juntos?
Y la fuerza me la da esa mierda blanca que traes del otro lado del charco.
Quizás por eso no me vaya de debajo de tu cama.
Pero ¿Y tú? ¿Qué maldita y cobarde excusa se te ocurre para seguir aguantando?
No entiendo como hemos podido llegar al punto, de odiarnos tanto que nos es imposible no estar juntos.





Corramos una aventura

De tus labios brotó una negación mentirosa, un no juguetón, de tus labios acerezados asomó una  sonrisa aguantada.
Y yo supe que querías tener una aventura.
De esas que te arañan en la piel y te acarician el alma.
Querías bailar bajo las estrellas, cantar canciones en holandés o en chino.
Ir en busca del tesoro de los piratas, sobrevolar el cielo ¿El cielo? ¡Vayámonos a Marte! ¿Marte? ¡Venus está más lejos!
Querías que te enseñará a bailar un tango pegado con los ojos vendados.
Dijiste que no, pero querías que te llevará de la mano a galopar abrazada a las crines de un caballo.
Yo sé que quieres una aventura, de las que pasas más tiempo contando que haciendo.
Quieres saber que es llorar de felicidad.
Aguantar la respiración hasta que no puedes más.
Bañarse en Nepal, escalar el Everest ¿Por qué no? Vayámonos lejos, quiero nadar en la nieve, comer en la calle de la calle, subirnos a un árbol a por un coco.
Dijiste que no pero te subirías al avión conmigo. ¿Avión? ¡Con el globo se llega más lejos!
Quieres besar otros labios.
Quieres probarlo todo antes de aterrizar.
Escribir un libro es demasiado tiempo, mejor grabémonos queriéndonos.
Aprender a construir un iglú, dormir en el desierto.
¿Quién no quiere confundir tus cabellos con la arena mientras sueña?
Te veo saltando en el espacio persiguiendo a las estrellas.
Creando oasis en medio del Egipto.
Quieres una aventura, tus labios dicen que no, pero saben que estás mintiendo.
No quieres estar conmigo, quieres probarlo todo.
No quieres luchar juntos, quieres tener una aventura.
Vivir para ti es algo más que bailar juntos y dormir abrazados, pero no importa yo sé que siempre permaneceré a tu lado.
Te sujetaré el pelo cuando a los cocteleros se les olvide quitar el alcohol de tu bebida, te taparé cuando salgas del agua helada, te besaré cuando no digas nada.
Mi aventura eres tú, perseguirte mientras me huyes la mirada por todo el mundo.
Tener que echar a volar por tu amor.
Esa es mi gran aventura.

viernes, 3 de octubre de 2014

El color de tus ojos.

Y todo parece del color de tus ojos.
Pardo está el cielo al atardecer.
Oscura está la noche y las estrellas.
Achocolatado está sol por las mañanas.
Cafés son mis desayunos. 
Azabache, a ratos, como tus ojos, se me oscurecen las paredes.
Tus ojos han hecho filtro en los míos de tanto mirarlos.
Y cómo puede ser, que solo veo marrón desde la punta de mis pies hasta la estrella más lejana.

Y todo parece del color de tus ojos.
Verde está el mar por las madrugadas.
Esmeralda los labios que sonríen y se muerden entre ellos.
Aguamarina la cerveza, aguamarina la espuma.
Jade son las sábanas y la almohada en las que me fundo a las tres de la tarde y de la madrugada.
Verdosos son mis ojos si los miro al espejo.
Y es que tus ojos se han debido pegar a mis retinas de tanto mirarse.
Y cómo puede ser, que solo veo en verdes desde la punta de mis dedos hasta las puntas de las estrellas.

Y todo parece del color de esos ojos.
Añil las rocas de las calas, la arena de las playas.
Zafiro el humo que expulsan los pulmones al fumar.
Turquesa el cigarro de cada mañana, turquesa las pastillas y el agua.
Cobalto el precipicio, el tren que se va lejos de aquí.
Índigo las flores, los libros y los corazones.
Y es que tus ojos han estado demasiado tiempo pegados a los míos.
Y cómo puede ser, que el mundo se haya vuelto a azulado, que en vez de la Tierra yo veo la Mar.

Y ahora que sabes todo lo que me recuerda a ti, no te enfades conmigo por no recordar el color de tus ojos verazulrrón. Y es que apenas recuerdo algo a parte de tu voz y tu olor.
Unos rayitos de luz marrones, unas sábanas jade y un humo zafiro.
Eso eres tú.
Esos son tus ojos.
Ojalá pudiera recordar el color de tus ojos igual que el de los lunares de tu piel.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Si por lo menos te pudiera odiar.

Si me pongo a pensar en que algún día me quisiste no puedo más.Y tengo que dejar de respirar unos minutos antes de querer llorar.
Si me pongo a pensar que todo lo que vivimos significo tanto para ti como para mí, entonces no puedo ni recordarte. 
Que sólo tú nombre pase entre las líneas del libro de mi vida y yo me pierdo buscándolo por las todas las páginas de un blanco desgastado, y me vuelvo loca hasta perder la vista y deshacerme entre tintas.
Que no puedo ni vislumbrar el color de tus ojos cuando veo el arco iris porque me deshago en anhelos de ti.
Que no puedo, no puedo, ni siquiera recordar un día después de conocerte porque me duele.
Que la vida me duele.
Pero más me duele tu recuerdo, tu existencia, tu ausencia.
No puedo ni pensar en olvidarte porque me liaría con mis pensamientos y acabaría recordando que te quiero tanto que olvidarte no tendría sentido.

Que la lluvia no te impida respirar.

Si llueve, ¡quedémonos en el mar viendo como se juntan las dos agua!
Si llueve ¡Beberemos un trocito de cielo!
Si cae una tormenta, lavaré mi ropa en una calle cuesta abajo.
Que si llueve me limpiaré las heridas con el agua de las nubes.
Que si llueve me desmaquillaré los miedos.
Que si llueve, permaneceré bajo esas lágrimas fundiéndose con las mías. ¡Y ya no me quedarán lágrimas saladas!
Quiero saborear las lágrimas de las nubes, quiero bañarme en ellas.
Que nada desaparece por un poco de agua y no vuelve a aparecer con mucha más.
Y si llueve tanto que diluvia, tanto que hay que salir por la ventana no te preocupes, sabes flotar.
Vámonos al mar.
Vamos a ver desde las profundidades como llueve desde dentro de la tierra.
No hará frío si te pones a nadar, no habrá miedos si te pones a luchar.
Déjate llevar por la marea. 
Que las nubes decidan, que el viento te dirija.
Que nunca más la lluvia te impida salir de esa puerta contrachapada.
¡Nunca más!
Si caen truenos aléjate de los árboles altos.
¡Que el ruido no te asuste!
No es el mundo el que ruge contra ti, sólo son truenos. Porque el cielo quiere llorar.
Respira debajo de ella, nunca notarás las calles más limpias, el aire más puro.
Solo es incómodo sino te quieres mojar.
Pero es agua, ¿sabes? Ella no te va a hacer daño queriendo.
No te protejas de la lluvia, porque si te proteges de la lluvia ¿Qué te queda por vivir?
Deja que caiga sobre ti.
Su furia, su ira, su calma, su vida, nótala.
¡No te protejas de la lluvia, ella no se protegerá de ti!
Vívela.
Siéntela.
Porque si le huyes a la lluvia... ¿A qué te vas a atrever? ¿A qué te vas a poder enfrentar? ¿Cómo vas a luchar?

martes, 23 de septiembre de 2014

Por no saberte querer

Cuantas veces me habrán dicho tus ojos "Deja de intentar quererme", así, con esa mirada triste, con esos ojos oscuros como pozos.
Cuantas veces me habrán dicho tus ojos deja de luchar. Por esto. Por todo.
Cuantas, cuantísimas veces tuve que aguantarte la mirada diciéndome mentiras, odiándome por no quererte mentir, por intentarlo y no saber.
Y yo, que quiero ser más fuerte y quererte más blando.
Y no me sale decirte que no.
Cuantas veces me han hecho sentir culpable tus ojos inundados como dos pozos.
Recordándome lo poco que puedo hacer por nosotros.
Lo mal que te quiero.
Y yo pongo mi corazón por delante del pecho para demostrarte que te doy más de lo que me puedo dar a mí.
Y tus ojos siguen mirándome como dos pozos mohosos.
Y me preguntó que hacemos juntos, porqué aguantamos las mentiras indiscretas, los besos en la espalda de otros, los puñales debajo de nuestro techo.
Y tu sin mirarme ya me lo dices todo, que no, que no puedo, que no sé, que no tengo fuerza ni valor.
Y tus pozos profundos empiezan a estancarse.
Y yo quiero enloquecer, y la casa enloquece conmigo, que mis ojos oscuros se vuelven como la noche.
Y arranco todo lo que nos une, ¡Yo quiero salir de aquí! ¡De nosotros! ¡Déjame salir! ¡Déjame luchar! ¡Déjame fracasar sin ti! ¡Déjame morir o desvivirme pero déjame!
Y tus pozos empiezan a crear formas y sombras al fondo, tus ojos empiezan a oler a podrido.
Y a mi me da miedo.
Y entonces me deshago en lágrimas, vienes tú y me abrazas.
Y me derrito como el chocolate que hay en tus ojos y mis lágrimas se convierten en vapor de agua.
Y vuelven a decirme tus ojos que deje de intentar quererte, así, con esa mirada triste, con esos ojos oscuros como pozos.