Todos tenemos algún secreto, hay muchos tipo de secretos...

Todos tenemos algún secreto, hay muchos tipo de secretos...

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Te quiero, matar.

Bajo las lejanas luces de las farolas de esta sucia ciudad, me dices que me quieres.
Ahora, que tienes miedo, que tengo una bala con tu nombre en el pecho y otra en mi revólver apuntando a tus ojos. Tus ojos tan negros como tu alma.
Te quiero, matar.
Te arrancaría un último beso mientras lloras de dolor, de miedo.
Ahora que ya estoy muerta por dentro, y por fuera. Ahora, que quiero hacértelo con todo el dolor que se me permita darte.
Ahora, que te quiero, y te quiero matar.
Ahora, que ruge el silencio en esta choza de esos malditos amigos tuyos. Ahora, que no puedo pensar si arrancarte la ropa, o la piel.
Y no te disparo, te beso lento. Te muerdo hasta marcar mis dientes en tus labios. Y me zurras, y te atizo.
El revólver vuela hasta el pasillo y nosotros corremos para odiarnos todavía más.
He intentado quererte, pero te quiero matar.
Me arañas con los cristales del jarrón de flores de nuestro aniversario en mi cabeza. Pero, idiota, estoy muerta para sentirlo, para sentirte, para hacer algo que no sea odiarte.
Vuelan de mi mano las figuras que nos regaló mi madre cuando nos prometimos hasta la muerte. Y qué vamos a morir, eso ya está escrito con tu pluma y tus dedos.
La silla en tus costillas, el puñetazo a mi barbilla. Si quieres que sea así, lo será, pero que la bala irá a tu pecho, como que tengo yo la tuya aquí, tan dentro.
Yo ya sabía pelear antes de conocerte, tú me has enseñado a matar. Después de matarme a mí.
Un cristal en tu tobillo derecho mientras me clavas este en el estómago.
Conseguiré esa bala, si me muero por ti, lo justo es que yo te mate a ti.
Así sea, el amor eterno.

No pretendas robarme el corazón y que recuerde haberlo tenido dentro.

No me preguntes qué hice anoche, no quieras saber con quién estuve.
Si te beso ahora, concéntrate en eso, en el tango que realizaremos mientras me desnudas y dejas caer tu ropa.
No quieras saber porque tengo heridas en las piernas y máscara de pestaña desgastada en la cara.
No concentres tu mirada en mis ojos oscuros, miedosos, recuerda el aroma de mis sábanas verdes.
Recuerda que el vacío de la cama que deje anoche no me fue recompensado.
Es que te echaba de menos, el whisky me empapó la camisa y me nubló los sentidos.
Es que no soportaba tu vacío, tus labios sellados, tu rencor me emborracho de miedo.
Olvida lo valiente que pude ser, recuerda que en el fondo sólo soy cobarde.

Te prometo, que cada noche que pasé lejos de tus piernas pensé que estaba entre tus brazos.
No me pidas explicaciones de razones que no quieres escuchar. No me quieras tan fuerte que ya me odio yo por los dos.
Cada noche la Luna me incitaba a salir, soy un lobo, no lo puedo olvidar, puedo intentar amarte a ti, pero la Luna sigue saliendo cada noche, sus besos no sabrán a nada, pero por lo menos ella me besa cada anochecer.
Bajo su luz me hechiza, no me mires como si me quisieras y yo a ti no.
No puedes quedarte con mi corazón y esperar que lo quiera de vuelta. Ahora que ya no sirve.

Si me odio no es por haberte intentado olvidar, es por no haberlo conseguido. Por desear haber estado todas esas noches contigo, pero me pides que deje a la Luna.
Y yo, yo no, puedes robarme el corazón, pero no voy a dejar que me quites a la Luna.



domingo, 29 de noviembre de 2015

Si te vas, llévate mi alma contigo.

El corazón me duele tanto que temo que al moverme se me pare de repente porque no pueda aguantar. Mis pulmones lo aprietan jadeantes, para que no se salga por mi garganta, pero él aún así, lo intenta.
Lo oigo en mi cabeza decir "Yo me quedo, yo me voy con él, no contigo".
Y me intenta hacer vomitar un te quiero que no alcanzo a decir porque mi aparato respiratorio está ocupado intentando obligar a mi corazón que oxigene mi cerebro.
Es difícil oxigenar un cuerpo mientras el corazón intenta desprenderse de las arterias y las venas para poder salir, así que ya, ni las piernas me responden.
No puedo pensar ni dejar de pensar continuamente, de forma obsesiva repito tus besos en mi cabeza, una y otra vez, y otra, y otra, y otra...
Y cuánto más lo pienso más me dice mi corazón "Yo te dejo aquí, yo me quedo entre sus brazos suaves y sus manos calientes". Y no me sale suplicarle que se quede, porque jamás pude pensar que doliera tanto decir adiós a un corazón que no está dentro de tu pecho.
Tanto, que, que el mío se quiera ir, es lo que menos me duele.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Te presento a mis demonios.

Cuando la vida te fuerza a ser una persona que nunca quisiste ser, te preguntas qué es la bondad y qué es la crueldad. Cuando los actos de los demás te escandalizan pero eres capaz de aceptar los tuyos como si fueran sólo producto de la naturaleza.
Cuando por primera vez, sientes el estómago retorcerse de dolor y de hambre, cuando por primera vez los ojos viajan a un mundo que no existe, porque no aguantan ver la realidad a la que están siendo sometidos.
Cuando por primera vez te rompen por dentro y te arrancan la esperanza de una vida próspera.
Cuando se meten en tu cabeza hasta que pierdes la noción de la verdad, la realidad, los recuerdos literales. 
Cuando en la vida tus demonios consiguen llevar el mando de tu espíritu y navegar por tu cuerpo hasta convertirlo en suyo, dejas de ser tú, y a veces, cuando te miras al espejo y te reconoces te asustas, te enfureces e intentas luchar contra los demonios que yacen en ti. Pero es tarde para ganarles.
Tarde para matarles.
Cuando por primera vez un alma abandona un cuerpo delante de tus ojos, entiendes hasta que profundidad estás metido en aquel pozo.
Cuando ya no escuchas la tristeza, la nostalgia, cuando has perdido la esperanza de volver a sonreír. Entiendes hasta dónde tienes metido a los demonios, odio y dolor.
Profunda pérdida de fe. En el mundo.
Ya no aprecias la belleza del ocaso, la cálida luz del Sol en días fríos, la poética oscuridad de la noche, ya nada importa, ya nadie ganará, ya nadie desea vivir. 
Cuando respiras y el aire te envenena, cuando bebes y el agua te ahoga, ya no eres tú, tus demonios han conquistado tu alma, y luchar contra ellos puede durar toda tu vida.
Toda la vida queriendo matar por no atreverse a matarlos a ellos.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Hasta que haga sangrar las rosas.

Siempre supe que los caminos de rosas tienen espinas todo el año y pétalos sólo en primavera.
Siempre supe que quizás era un camino demasiado oscuro para verlo con claridad tras mis ojos negros, siempre supe que las balas queman tanto al dispararlas como al sentirlas en la piel.
No puedo fingir sorpresa por estar al borde del ataque en cada abismo, no puedo amarrarme al miedo porque no tengo ese tiempo, no puedo pintar de colores el mundo que me rodea porque la sangre no salta de las paredes.
La primera vez que apunté con una pistola a alguien mirarle a los ojos era inevitable, sufrir su dolor, su miedo y su odio, también.
Pero no puedo fingir que me lo pensé. No soy esa clase de personas, que fingen ser mejores de lo que son, que han estado toda la vida escalando una montaña que termina en las nubes.
Recuerdo la primera vez que intenté salir de aquí, el corazón me iba tan rápido que oía los latidos con la fuerza de una bomba, no me rendí, porque hasta la muerte rendirse no tiene sentido.
Ya no me miro en espejos, ya no me planteo qué está bien y qué no lo está, ya poco importan los besos que di y los monstruos que intenté matar, ya poco importa lo que conseguí y lo que jamás llegue a tener.
Porque ahora sólo me importa acabar con todo aquello que quiere acabar conmigo.
Ya no escucho al miedo, la muerte está ahí, pisando mis talones y haciendo eco en mis palabras.
Ya no me da miedo, que llegue cuando tenga que llegar, que lo mucho o poco que consiga hasta ella, será suficiente para condenar mi alma al olvido.
Poco pueden hacer el alcohol, las heridas, el amor, y la esperanza para mí.
Duermo bajo la Luna, respiro el negro humo de la apatía hacia la vida.
Y es que ni a nadie le importa la Luna, ni a la Luna le importa nadie. Y bien que sigue ella ahí, arriba, protegida por las estrellas y brillando en la inmensa oscuridad.
¿Por qué he de rendirme yo ahora, en medio de está oscuridad y este caos? ¿Por qué he de llorar ahora por algo que se me impuso y no se podrá arreglar, por qué he de aceptar lo que me arrebataron como otra fase más de la vida? ¿Por qué he de rendirme a la muerte sólo porque me siga en cada paso y se lleve a todo lo que he tenido y querido en cada momento?
Si el proverbio dice que cuánto más grande es el caos, más cerca está la solución, la solución debe estar en mi arma y en la bala que nunca me quitaré del pecho.
Ni me voy a rendir, ni voy a dejar que piensen que me rendí.
Las rosas que cubren camas sólo dan esperanzas a base de pinchazos, no quiero rosas, no necesito pétalos para curarme las espinas que ellas me han clavado. ¡Arrancaré las espinas, acribillaré las rosas, acabaré con los jardines afilados, moriré entre espinas, pero, a quién le importa dónde morir si ya estás muerto!
¿A quién le puede importar las espinas teniendo una bala clavada en el pecho?
No seré yo, no seré yo quien huya de las espinas.
Que les den, que se mueran todas las rosas.



martes, 10 de noviembre de 2015

Nunca encontrarás un demonio por la calle.

A veces creo que los demonios rondan por las calles, te sonríen en las esquinas, te besan en las mejillas, te acarician el alma disimuladamente y te enamoran a base de heridas y curaciones.
Te regalan corazones negros, y los pintan de rojo con tu sangre.
Te duplican el ritmo de tus latidos para poder quedarse con la mitad de ellos, para ellos poder vivir, de tu corazón, de tu dolor, de tu agonía. Ellos no podrían vivir sin tu agonía.
Y voy buscando por la calle cuernos y rabos, tridentes de fuego y corazones carbonizados.
Pero nunca logró vislumbrar más que dolor en ojos tristes, rabia en ojos dañados, miedo en ojos erizados.
Los demonios no rondan por las calles, no duermen entre esqueletos y sangre, duermen en un colchón mojado de lágrimas, alcohol u orina.
Los demonios viven dentro de nuestros corazones encarnecidos, los demonios viven gracias a nuestra agonía, porque nosotros los hacemos nacer, los alimentamos, enfurecemos, enseñamos y cuidamos. Por el mismo dolor, por la misma rabia, por el mismo miedo a los demonios, nos creamos unos propios.
Y estos son los únicos que pueden acabar con nosotros.
Antes tenía miedo de salir a la calle y encontrar demonios. Ahora tengo miedo a que los míos me devoren, a veces tengo tanto miedo de qué hagan daño que alimento al demonio más cobarde.
Ahora vago por la calle viendo pobres diablos que nunca se liberarán de ellos, que nunca conseguirán salir de la esclavitud que ellos mismos se han provocado.
Antes tenía miedo, ahora sólo dolor.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Balas y conjuros en un corazón herido.

Mi corazón enfurece ante tus oídos,
mis sueños palidecen ante tus gemidos,
no me digas no llores.
No lloro por ti, lloro por mí.

Ojalá pudiera abrirme el pecho,
colgar mi corazón desecho,
clavarlo en una estaca en el techo.
Como si fuera una bandera,
que al entrar todos veneran.

¡Como si fuera mi orgullo,
y no un pequeño murmullo!
No me digas no llores.
No lloro por ti, lloro por mí.
No son lágrimas de dolor,
son lágrimas de soñador.

Porque soñé cosas que no estaban al alcance de mi alma,
de mi alma maldita que jamás sabrá lo que es la calma.
Y se ríe de mí, aquél que me maldijo, 
aquél maldito que me predijo,
que mi alma siempre se haría añicos.

Mi corazón es fuerte
porque tiene una bala que lo revierte.
Mi corazón es inseguro,
porque tiene una bala cerca y muy dentro, un conjuro.

¡No me digas no llores,
que no lloro por ti, sino por mí!
Porque esta bala no se puede sacar,
porque este dolor nunca se va a marchar,
porque es mi alma la que se va a marchitar.

Porque tus ojos oscuros se irán, 
porque vendrán otros que caerán,
porque otros ojos de mi corazón se inundarán,
porque otros, asustados huirán.

¡No me digas no llores,
porque no lloro por ti, sino por mí!
Que jamás se irá de mi lado esta maldición,
que arremete con fuerza contra mi corazón,
que me hace aullar a la Luna sin razón.

No me digas que no llore,
que no me queda más en la vida,
que esperar la muerte con ira.
Y esperar a volver a verte,
duele mucho quererte.

No me digas que no llore,
que no lloro por ti, sino por perderte.
Las lágrimas hacen que me olvide del dolor de mi bala,
Y eso por lo menos he de agradecerte.

Te pido perdón por haberte asustado,
disculpas por haberte querido,
sé que es demasiado pedirte
pero perdóname por no saber despedirme.

La bala en mi corazón.

Hay un agujero en forma de bala a dos centímetros de mi corazón, a veces me aprieta, a veces me duele, a veces no me deja respirar.
Por dos centímetros sigo viva, por dos centímetros no me consiguieron matar.
Recuerdo aquel día, recuerdo aquel día cada minuto de mi vida, recuerdo aquellos dos centímetros en cada aliento y en cada sueño.
La Luna me alumbraba débilmente cerca y lejos de mí, mi piel palidecía y brillaba bajo su fulgor y su sorpresa.
Yo flotaba y caía en un vacío negro y oscuro que para mi sorpresa ni me daba miedo ni me daba dolor.
Noté un vacío en el pecho, noté un frío que ardía a tan sólo dos centímetros de mi corazón.
Me pregunté en ese instante, si estaría muriendo.
Me pregunté en ese instante, que cojones le había pasado a todas las estrellas esa noche, porque sólo había una Luna vacía que apenas me alumbraba.
Mi corazón, que latía más rápido que las cuerdas de una guitarra en una canción de metal, se empezaba a saltar las notas como si fuera un principiante que nunca había tocado una canción en su vida.
Seguí flotando y cayendo en el vacío, con la mirada muy lejos de mis pies, caí de repente en un suelo que me arañó la cara, mi corazón lloraba, y me bañaba en lágrimas de 0+.
Recuerdo aquel día como sino hubiera vivido nada antes ni después.
A veces por el agujero siento que se me va la vida y el aliento, a veces, desearía no haberme despertado nunca de aquél sitio manchado de sangre, lágrimas y agua de borrajas.

viernes, 30 de octubre de 2015

Vacunas para enfermedades con nombre propio y corazón negro.

Los te quiero se guardan en la garganta hasta que queman hasta el paladar, el odio, en cambio, explota por los poros de nuestra piel hasta que nos hierven los ojos de dolor.
Saber mentir es una maestría, y hacer el amor es sólo un curso complementario, que ya nadie practica.
El mundo ya no está gris, es incoloro, insonoro, inoloro e insípido.
Las gotas de mi whisky tienen más amor para darme que tus labios tristes y agrietados.
Las gotas de mi whisky me dan más calor que tus abrazos secos.
Las gotas de mi whisky tienen más color que tus ojos negros.
Dime, que he hecho yo para merecerte, ni bien ni mal.
Dime, para que quisiste aparecer en mi destino, si querías que te hiciera daño sólo haberlo dicho. Si querías sufrir, haberme querido.
Me pregunto cada noche si has sentido alguna vez el sabor de mis labios, o eres otro alcohólico más.
Mis labios tienen sed desde que no te besan, y muerden a esas sonrisas dispares que no son las tuyas, enfadados.
Si sólo querías luchar, haberlo dicho, si sólo te querías limpiar, haberlo pedido. 
Yo no soy una persona coherente, ni siquiera cuerda, pero te hubiera limpiado las sábanas de pesadillas y recuerdos matutinos, simplemente me hubiera ido después.
Ahora las he tenido que quemar, porque era yo la que necesitaba limpiar mis sábanas de ti, mis desayunos de tus besos, mis noches del ruido de la cama.
Ahora el mundo ya no está gris, está incoloro, insonoro, inoloro e insípido.
Sólo me queda el whisky. Todo lo demás me recuerda a ti, me enfurece, y lo destruyo, hasta que me miro al espejo y te veo dentro de mi piel.
¡Si querías guerra, sólo haberlo dicho! Te habría arañado más fuerte, te habría robado las ganas y el aliento.
¿Por qué elegiste a alguien que sólo soñaba con soñar a solas?
Arrepiéntete, llora lo que yo debería estar llorando por ti, pues las personas que en vez de agua tienen whisky en las venas no pueden llorar, pero no, no me quedaré como una pobre infeliz mirando desde mi ventana como tú te ríes de mí.
El odio, explota por todos los poros, el odio después del amor, simplemente inunda el mundo a cada paso que damos, perdóname, porque no te supe querer, perdóname, porque ahora entenderás, lo que duele quererte.
Las damas aguantan las lágrimas en público y se desvanecen en privado, las damas, aguantan fuertes como si estuvieran superando una enfermedad vergonzosa.
Lo siento, pero nunca fui una dama.

El amor no es un tesoro, el tesoro es el enamorado.

A mí lo que me cansa es tener que buscar a alguien a quien querer, como si del tesoro de un mapa pirata se tratara. Como si los besos fueran los acertijos en latín de las películas de Indiana Jones.
Estoy cansada de forzar sentimientos que no existen y de alimentar mariposas que van a vivir durante tres días.
No me gusta el amor, ni los enamorados, porque no me gusta tener que luchar por un cofre del tesoro vacío o con una carta que no entiendo.
No es culpa del mundo, lo sé, pero tampoco es del todo mía, eso también.
Es que prefiero surcar los siete mares en busca de sirenas que de un tesoro que ya nadie recuerda.
Quizás sea porque se hayan perdido las formas, ya nadie habla de amor, sólo de sexo. Supongo que es porque es más fácil haber sentido un orgasmo que haber escuchado un te quiero sincero.
Quizás, es porque aunque ahora salimos más desnudos a la calle escondemos más nuestras almas, por el que dirán, por el miedo a qué nos conozcan, que nos conozcan de verdad.
Si quisiera ser pirata no buscaría un tesoro en una isla perdida, lo haría en el fondo del mar, pues ya no creo que en la tierra haya algo de lo que yo sea capaz de amar.
Que se cansen otros de buscar, que desgasten otros sus labios al rozar, sus ojos en llorar, que descifren otros ese mapa tan complejo lleno de trampas y acertijos.
¡Qué se enamoren ellos! Que todavía tienen ganas y esperanzas en ello.
Que yo prefiero perderme entre la Luna y el cielo, siempre al ras del mar, donde todavía quedan historias que me puedan llegar a amar.

martes, 20 de octubre de 2015

Be(r)sos dedicados a la Luna.

Y no me voy a rendir por muchas balas de plata que me disparen yo no soy un licántropo, (¡ojalá!), sólo soy una idiota enamorada hasta las trancas de la Luna, y me llaman loca, y no, los locos son ustedes, enamorándose a diestro y siniestro de simples mortales ¡Ellos, que lanzan balas directas al corazón!
La Luna el peor mal que me puede hacer es no aparecer una noche.
Pero siempre está ahí, aunque no la vea esta rotando alrededor.
Por muy lejos que esté, está ahí, cada veinticuatro horas aparece para deslumbrarme con su belleza y su majestuosidad.
Y es que prefiero ir directa al infierno o vivir en el limbo a volverme a enamorar de unos ojos negros.
Qué fallo más grande, que estupidez más estúpida volver a creer que yo podría ser de aquellas mujeres que pasean de la mano con el corazón en las suyas. 
Qué fallo más grande, que estupidez más estúpida creer que yo podría querer y ser querida como cualquier otro mortal con un corazón en carne viva, ¡Qué fallo más grande, que estupidez más estúpida, olvidar que mi corazón ya no es un músculo es sólo un callo quemado!
Y no me voy a rendir, algún día besaré a la Luna y será el mejor día de mi vida.
Sino anida entre estrella, ni te puede proteger del Sol en tu descanso, ni brilla cual lucero encantado, no lo intentes, no será suficiente para aguantar el dolor de una bala de plata en tu corazón.


Te quiero, no te quiero, te quiero, no puedo.

No te voy a decir que es amor y estoy enamorada.
Porque si lo hiciera, tendría que admitir que cuando sonríes sale el Sol y me iluminan tus ojos, cálidos y dulces, como no ha podido durante estas noches hacerlo la Luna.
Te tendría que decir que no sólo me quitas el sueño, es que sueño contigo si consigo dormir sin ti.
Tendría que admitir que tus besos son casi indescriptibles casi, saben a miel aderezada con especies picantes y calentadas con pasión bajo los rayos del Sol. (Y quizás siga siendo insuficiente para esos besos, de los que no estoy enamorada).
No es amor sólo porque el olor de tu piel me impregne la sangre y me recorra las venas dándome la paz y quitándome las penas como ningún whisky ni ningunos otros besos han podido.
La mente se me evade, y no piensa en ti, ni en mí, ni en ningún problema habido o por venir, permanece centrada y absorbida en tu voz. Y mi corazón no va a doscientos por hora como potro salvaje y enamorado, va bailando un tango lento y delicioso, calmado e inmortal.
Y si estuviera enamorada me quitaría las ganas eso de soñar despierta, que lo nuestro tiene caducidad, y a mí no me importa, porque sólo puedo pensar en tus pequeños ojos haciéndome feliz, aunque sé que te diré adiós, y que sufriré, pero entonces podré recordar tus besos sólo escuchando el tango que mi corazón no dejará de bailar. Y que tuve la fortuna de que me hicieras feliz, que como dijo Shakespeare "Mejor haber amado y haber perdido, que no haber amado". ¡Qué no es amor! Pero si lo fuera, esa frase grabada en mi alma me ayudaría a conciliar el sueño, porque significaría que hubo un día en el que conseguí amar(te).
Porque lo mejor de perderte será haberte tenido.

lunes, 19 de octubre de 2015

Estrella de mar.

Ojalá fuera una sencilla estrella de mar, no sólo porque vive entre sirenas y bajo la desnuda Luna llena. Es que no necesita a ninguna otra estrella para brillar, como brillan las del cielo.
Y es que sin brillar es bella, y no está absorbida entre la oscuridad del cielo negro, y no necesita que el Sol se esconda detrás de la Luna para que las podamos apreciar.
Ojalá fuera una estrella de mar y las sirenas sintieran en su piel mi fuerza y mi valentía.
Porque sería fuerte y valiente, ignorante de mis peligros, de mi fragilidad, fuerte. Ignoraría los pinchazos de los erizos y me alimentaría de unos seres que causan dolor a otros.
No tendría miedo a estar sola, porque de mi brotaría, de mi dolor nacería, de mi falta crecería, otra estrella de mar.
Ojalá fuera una estrella de mar, sumergida entre las olas toda la vida sin pensar en como respiro, y aún así, sabiendo respirar.
Como me gustaría hacer de mi soledad otra estrella que brille en el mar e ignorar los pinchazos y el dolor para saberme alimentar.
Ojalá, fuera una simple estrella de mar, y no pudiera siquiera llegar a ser consciente de lo que soy, de lo que veo, de lo que quiero, de lo que puedo, y no puedo, de lo que siento. Ojalá fuera tan sólo una estrella de mar.

domingo, 11 de octubre de 2015

Diario de unos tacones con navajas.

Lunes: Tacones puntiagudos a juego con el pintalabios carmesí. Medias negras que terminan donde comienza el vestido. Cubitos de luces, bailes lentos, oscuridad bajo las estrellas y una luna menguante traviesa observando cada sucio beso que le doy al moreno de ojos azules mientras me sube a la mesa de aquel oscuro rincón del bar, un polvo pegajoso, intimidante y sin intimidad.
Martes: Botas y camisa largas, medias de rejilla y muy poca vergüenza. Chupitos de todos los licores, besos a cambio de ciertos favores, la luna imperceptible cotillea con las estrellas sobre el temblor de mis piernas contra el parachoques del volkswagen, se ríe cuando me largo con el coche de aquél rubito de ojos vidriosos.
Miércoles: Ligueros nuevos, zapatos viejos y unos vaqueros estrechos. La Luna creciente observa mis besos melosos y mis ojos lujuriosos gritar "¡Oh dios mío!" Por la ventana de aquel lujoso hotel del que me fui sin pagar antes de que amaneciera, con el australiano que conocí hace un par de semanas en un garito.
Jueves: Las medias del lunes ahora rotas, un escote inexistente y muchas ganas de emborracharme y convertirme en un cubito que desaparece en el whisky.
Unos ojos esperanzados y vírgenes en estas noches de lunas crecientes me mira desde la mesa de billar y me invita a todo lo que quiera, el alcohol hace el resto, me despierto enfurecida y le robo hasta el último aliento haciéndole llorar de miedo frente a mi glock semiautomática cuando me voy reventándole la casa. Le doy una lección "No confíes en una mujer que sale sola por la noche".
Viernes: Hoy sí, hoy llevo lencería debajo de una gabardina que compré con el dinero de mi último negocio sucio. Llevo el color sangre en mis labios que sonríen sin parar de beber, mi tabique se revuelve entre tanta fiesta, los ojos me enloquecen de sobreexcitación.
Unos rizos azabaches, unas curvas vertiginosas, voces graves que bailan con las agudas y más manos de las que sé contar. Me despierto en mi cama, sin recuerdos pero con marcas.
Sábado: Tengo los poros abiertos como si una broca hubiera hurgado en ellos, no me quedan fuerzas para ensuciar más sábanas ni ganas de besar más mentiras. 
Te llamo, pero no me lo coges, e intento inútilmente pegarme un tiro. 
Me ducho durante horas y me restriego con un estropajo de metal hasta arrancarme la epidermis y sangrar hasta limpiar mi sangre de blanca felicidad.
Te vuelvo a llamar, pero no me lo coges, y me envías un mensaje "Por favor para, ya no sé puede cambiar nada".
Llamo a tu hermana y me tiro a sus brazos como si sus labios pudieran llegar a saber a los tuyos. Ella me recoge, es dulce, hermosa, cálida y tremendamente triste. Ella llora cuando me mira a los ojos, cuando encuentra a mis pequeños. "Ni siquiera sabes que acabas de hacer ¿verdad?" Se va llorando y yo me quedo mirando al techo, ¿Qué cojones pasa? La Luna ni siquiera ha salido todavía.
Domingo: La rubia viene a sacarme de la cama por los pies, tiene los ojos tan hinchados como la vena del cuello y oigo como grita por los labios pero no escucho su voz. Rebusca entre mis cosas y quema todo lo que tiene tu nombre, tira por el váter a mis pequeños, y se bebe mi whisky mientras me mira con asco.
"¿Sabes qué día es hoy?" Como si fuera gilipollas. -Domingo. Dame un trago. 
-No te voy a dar una mierda, ¿Qué pasó ayer?
-No me cogió el teléfono.- Resopla, intenta calmarse, deshecha la idea y me grita -¡No puede cogerte el maldito teléfono!
No entiendo que quiere decir, ni porqué tiene que estar todo el mundo tan enfadado conmigo, sólo hemos tenido una mala época, sólo he hecho un par de cosas que no debería, pero yo le quiero, de verdad, él lo sabe. Lo sabe, nunca le engañaría pero es que no sé estar sola, simplemente no sé.
-¿Qué pasó ayer? Joder, Rita ¿En qué coño pensabas?
-¿Por qué no me lo coge rubia? ¿Por qué?
Se acerca a mí mientras apura mi whisky, es una alcohólica disimulada pero usa un arma mejor que yo pinto una raya. -Dame tu pistola.
Niego con la cabeza. -No la tengo ya. La vendí en un moro hace unas semanas.
La rubia enfurece y sus cabellos de oro se encienden como el fuego mientras sus ojos oscuros me amenazan con sombras. Sorprendentemente, se calma, de repente. Aprieta sus gruesos labios y me mira con los ojos rojos y cansados. -Eso fue hace semanas.- Una voz dulce, estricta y calculada intenta decirme algo que no llego a comprender. -La psicóloga te dijo que escribieras lo que ibas haciendo, lee esta semana. Encuentra tu pistola y dámela antes de que te lleve la policía.
-Ya no eres la que eras.- Le digo sin mirarla, el uniforme la ha cambiado, ahora no me entiende. -¡No tengo la puta pistola rubia!
-Mierda Rita, dame el puto diario.- No alza la voz, intenta calmarse pero quiere pegarme con el puño cerrado en la cara y reventarme la nariz, lo sé, le encanta el ruido del tabique rompiéndose, el espectáculo de la sangre brotando.
-¿De qué hablas rubia, es que estás borracha ya? Yo no tengo ningún diario.
-Son las siete de la tarde, hoy no trabajo, sí, he bebido, porque antes de venir a verte es necesario beber, hay que tener un estómago a prueba de balas para verte la cara destrozada y este piso encurtido en mil batallas. Tienes un diario, sino, no sabrías ni que día es hoy. Déjalo, lo busco yo .
Es verdad, recuerdo escribir que día era en una libreta negra pero no recuerdo porqué.
Viene con una pistolita semiautomática que no es mi glock ni de lejos. -¿Has perdido el gusto por las buenas armas o el dinero? -Me sonríe con sorna, con asco y con pena.
-Rita, supéralo. Se murió hace tres meses. Por eso no te lo coge, el teléfono lo tiene su madre, me ha llamado, dice que dejes de molestar a su familia, que ellos están viviendo su propio drama, que no necesitan ocuparse además del tuyo. Tienen razón.
-...
-Rita, ¿Sabes qué pasó ayer, o vives en aquél sábado todavía?
-...
-Lávate, te irás de aquí unos días, tómatelo como unas vacaciones, pero sin sexo, drogas y rock and roll.- Se ríe, a mí no me hace ni puta gracia, ¿Se piensa que estoy loca? ¡No estoy loca! Me drogo. Me esnifo hasta la harina si se me derrama en filas. Pero no estoy loca, lo intento, intento pensar que vivo en un pasado muy pasado, pero no funciona, intento pensar que vivo en un futuro paralelo donde no lo he perdido, ¡Pero no funciona! -¡SE MURIÓ!-Y me echo a llorar.
-Fue mi culpa, tiré todas sus cosas a la calle, lo empujé a dormir con las navajas y las drogas, no le quise perdonar y ahora él nunca me podrá perdonar.
La rubia se agacha mientras se recoge el pelo respirando profundamente, y con esa frialdad extrema que acojona hasta a los capos de la isla me dice: -Como vuelvas, a decir eso otra puta vez, te juro, que te estampo esos herpes que tienes por labios contra el suelo hasta que te desangres como los cochinos de mi pueblo en la fiestas ¿Entendido?-
Asiento, la he visto así mil veces, pero jamás pensé que sería así conmigo.
-Se murió porque fue gilipollas, en una mala noche decidió meterse más de lo que debía y discutir con quien no podía. Y a no ser que quieras ir al infierno de los gilipollas será mejor que tú dejes de comportarte como una, te levantes, recojas lo que te quede de dignidad y dejes que yo arregle el resto.-

La miro a los ojos, y lo sé, esta es la última vez. No va a volver a intentarlo, ya ni siquiera sabe porque debe ocuparse de mi, me enfurezco, pero la rabia me sale en forma de lágrimas. -Vete a la mierda.
Se levanta, digna, soberbia y prepotente.- Iré a poner flores a tu tumba.
-Déjalo, prefiero que me incineren o me coman los lobos antes de admitir tu falsa caridad.
Me mira con asco y odio, me tira la pistola a los pies (no sin antes descargarla en el acuchillado parquet). Niega con la cabeza como quien tiene la respuesta a todo pero no ganas para responder. Y cierra la puerta sin mirarme.
No necesito su caridad obligada, no sabré lo que hago, pero por lo menos hago lo que quiero hacer.
La idea de ir al mismo infierno que él, bueno, no sé me había ocurrido, pero es fantástica.
¿Debería matar a alguien? ¿Drogarme más? ¿Tirarme a la Luna, al Sol?  Bueno, probaré con todo. De todos modos ya es lunes, la Luna está llena y el murió la madrugada de este domingo, tengo tiempo.

viernes, 18 de septiembre de 2015

Sino me hubiera gustado el rock.

Sino me hubiera gustado tanto el rock no habría querido buscar las notas más altas, los compases más fuertes, la vida más rápida, los sonidos más graves, las prisas para beberme las botellas, los amores más desafiantes, los dolores más agudos, los gritos más desolladores, las canciones sin sentido, los saltos en caída libre, las noches más oscuras, las Lunas más rojas, los lobos más solitarios y sangrientos.
Sino me hubiera gustado tanto el rock hubiera elegido mejor las balas, hubiera elegido mejor las armas, hubiera sabido perdonar a tiempo, romper todo lo negro, no alimentar la bestia, no hubiera admitido tantas pesadillas en mis sueños, sino me hubiera gustado tanto el rock no estaría entre cuatro espadas sin paredes.
Si hubiera elegido algo menos taquicardíaco, no me costaría tanto respirar.
Si hubiera sabido escucharlo sin vivirlo, no tendría un tumba con mi nombre en el nicho familiar.
No estaría fumándome un cigarro blanco con los ojos ensangrentados y el miedo saliendo por mis poros en forma de sudor alcoholizado.
No estaría esperando que vinieran a por mí con un revólver del 38 debajo de mi almohada, no estaría pensando a quién van a ir dirigidas esas balas, ¿Y si me tiro directamente por la ventana?
No hay fuego, aunque lo ha habido, no tienen cola ni rabo pero igualmente son diablos, hay música que te adentra a las entrañas hirviéndote la sangre, cocinando tus pulmones, quemando tu alma, sazonando tu piel con especias picantes para matar las enfermedades que tengas cuando te vayan a comer.
Sino me hubiera gustado el jodido y perfecto rock, el rock duro de solos de guitarra y voces estridentes, ¿Qué hubiera sido de mí entonces, quién podría haber llegado a ser?
Sólo otro más, pero otro más vivo.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Las espadas que cortan almas.

Afilo mis espadas pesadas, de hojas afiladas y manchas de sangre de todos los colores.
Me tranquilizo con el respirar de sus sueños profundos, con el chisporrotear del fuego en la madera, con el sonido del viento en mis orejas rojas. 
Me tranquilizo saboreando cada segundo que vivo por si va a ser el último.
Me tranquilizo cuando veo comida en nuestros platos y el Sol apareciendo débilmente entre la oscuridad y las nubes.
Afilo mis espadas, fuertes y rápidas, manchadas de gritos y dolor. Lo hago con condecoro, como quien va al funeral de un amigo e intenta mantenerse en pie pero no riendo.
Vendo bajo la Luna mis heridas con fuerza, exploto las ampollas de mis dedos, empapo mis quemaduras de ungüentos, aprieto los torniquetes con rabia y lágrimas, me retuerzo hasta notar cada hueso donde debería estar, me lavo la cara con sangre de vaca aguada y me acuesto mirando las estrellas como si fueran escopetas apuntándome cada noche por ser quien soy.
No duermo, pienso con los ojos cerrados cuál será el siguiente paso, dónde encontraré otro animal y otro río, con suerte. No duermo, recuerdo días mejores y días peores intentando no deshacerme con la arena de debajo de mis pies.
Me abrigo con pieles, con trapos y cartones, pero tengo frío. Me gustaría poder hervir mi corazón y mis dedos para sentir de nuevo la calidez del Sol, y de la vida.
Decidí antes de poder decidir nada a qué dedicaría mi vida, y me pregunto qué pude hacer tan mal por el camino y porqué los demás eligieron la muerte en su destino.
No recuerdo el sabor de un beso dulce, si lo intento se derriten mis labios y se deshacen como una vela de rosas rojas en mi cabeza. Quiero recordar cuando tenía a alguien, quien fuera, pero ya sólo son sombras borrosas por las tormentas de arena. Quiero recordar porqué merece la pena luchar, pero sólo recuerdo venganza, rencor y dolor.
Intento recordar el suave tacto de la ropa, de las flores o de la piel, pero me visto con picores, me cuesta respirar por la falta de flores y nuestras pieles parecen un dibujo abstracto en relieve, macabro y triste.
Si oigo un murmullo, unos pasos, el viento chillando, mis manos acarician los mangos de mis espadas y me voy en busca del origen de mis pesadillas, de mi vida, de mi dolor.
Si cierro los ojos unos minutos me despierto con miedo, si consigo dormir me despiertan mis vómitos.
No sé cuánto más conseguiré seguirles, cuánto más podré huir, aguantar o luchar.
Empiezo a pensar que es mejor morir luchando que conseguir vivir así.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

El lobo enamorado de una estrella.

No quiero explicaciones, ni llantos, ni emociones.
Ven, bésame y olvidaré el ayer, como olvido mis heridas cuando acaricias mi piel.
Déjalo, ya no importan los daños ni los futuros miedos, sólo quiero otro beso tuyo, sin más.
Sin rencores ni temores, sólo besos de chocolate con miel.
De azucaradas pesadillas y cosquillas enquistadas en las costillas.
No me digas te amo y hazme el amor.
No me pidas perdón y perdóname.
No hables, no uses tus labios sino es para besarme, no uses tus manos si no es para tocarme, no hagamos más guerras, dejemos el ayer para el Sol, concentrémonos en la Luna. 
Concéntrate en quererme ahora, olvida al Sol que las estrellas sólo brillan de noche.

El espectáculo.

La Luna dirige el baile de las olas, el mar se alza sobre las rocas, y las estrellas alumbran el escenario más allá de donde yo puedo llegar a ver.
La Luna dirige la orquesta más majestuosa, les dedica una música tan bella que no puedo apreciar su letra.
La arena es su escenario y su pentagrama, y yo ni siquiera soy una espectadora de verdad, no pueden mis sentidos captar su total belleza. Soy demasiado humana, demasiado terrenal para este mágico espectáculo.
Soy la chica que mira el baile desde una rendija de la ventana más pequeña y oscura, y aún así, aún así sigue revolviéndome por dentro toda esta belleza.
Los peces son notas que bailan junto al mar, el aire canta al ritmo de los pies de las bailarinas olas, alumbra la Luna a la protagonista en el salto final.
Yo no soy nada ante tanta grandiosidad, pero ojalá no lo deje de ser nunca pues la Luna me mira sin mirarme y no le importa que este aquí, son tan poco que no le importa, y a mí no me importa ser tan poco que pueda ver el espectáculo más increíble, mágico y solemne del mundo.

Hijos del Sol, hijos de la Luna, hijos de la muerte que no abandona.

Las montañas se convirtieron en cuevas de oscuridad y hielo.
Las cimas se derruyeron para que nadie pudiera nunca alcanzarlas, el negro tiñó de miedo, vacío, pena y dolor todo el Norte de mi país dorado y rojo.
Los norteños olvidaron el miedo como viejos vikingos, y se hicieron como ellos armaduras con las pieles y los huesos de aquellos animales que les habían quitado hasta el agua de los ríos.
Las espadas son negras,sus ojos ahora son oscuros, no ven luz alguna en sus iris.
En vez de dragones que escupen fuego mataban monstruos con corazones de hombres que escupían oscuridad.
El Norte de mi país se volvió negro, y mi alma oscureció con él. ¡Yo que nací en sus praderas, en sus aguas aprendí a nadar, de sus animales me alimenté y aprendí a amar al Sol en ella!
No queda allí más que oscuridad y gente oscura, triste y furiosa, confusa y perdida que han olvidado como es el Sol y que odian a la Luna.

Las orillas se secaron y los pies de las colinas se convirtieron en carbón. Ya no hay mar por el que soñar o escapar. Sólo arena negra y una bola de fuego en el cielo que quema cada hierba que se atreva a nacer.
Nuestras pieles enrojecieron más que nuestra sangre, y nuestro corazón más que el mismísimo Sol, somos puro fuego. Todo lo que tocamos se deshace con nuestro rencor y nuestro odio.
Ya no perseguimos sirenas ni piratas, sólo a un puñado de monstruos mamíferos que se bebieron todo el mar y se quedaron con todo el oxígeno.
Arrancamos sus corazones rojos, pero no quemados como los nuestros, y los pusimos en la arena para que el Sol los friera sin aceite.
Devoramos odio y en odio nos hemos convertido.
El Sur de mi país se ha vuelto rojo y mi alma ha enrojecido con él. ¡Yo que me crié en sus olas, baile en sus arenas y aprendí a amar a la Luna en ella!

Odio al Sol, y odio a la Luna.
Odio a los dragones, las sirenas y los piratas por dejar de ser nuestro problema.
Yo, que tengo el alma quemada y congelada, oscura, fría y caliente, quemada.
Yo que no soy ni una vikinga del Norte ni una salvaje del Sur, sufro con estas letras, y estoy dichosa a la vez, por saber escribirlas.
Me miran los sureños con sus ojos grises quemados sus iris por el Sol igual que sus cabellos.
Y es que en vez de evolucionar y adaptarnos nos dejamos morir.
¡La naturaleza nos quiere fuera de ella!
No la culpo, hemos acabado con una bandera de sangre y carbón, ¡De playas sin mar y de montañas sin cimas!
Escribo con rabia en el corazón y dolor en el alma a sabiendas de que ningún ser vivo quedará para poder leer esto.
Ya no recuerdo la guerra civil, la mundial ni la vecinal. Se me mezclan entre cadáveres, Lunas muy rojas y gritos muy lentos en las pesadillas.
Matamos sí, a todos los que nos destruyeron, pero ¡A qué precio ser tan cobardes y avariciosos! ¡A qué precio ser tan egoístas y tan ignorantes!
Cuando los matamos, ya fue demasiado tarde.
El Norte ya era el hijo de la Luna y el Sur el hijo del Sol.
Nada pudimos hacer para que volvieran en armonía.
Ya no existe bandera, ni país, ni familias, sólo almas negras y rojas huyendo de una muerte inevitable.

Soy tuya, pero sólo un poco, y no para siempre.

Cuando tus labios empiezan a bailar con los míos, y nuestros pechos parecen una pareja de tango, nuestras voces cantan la sinfonía más antigua de la historia, y los cuatro por cuatro los marcan nuestras caderas.
Ay de mí sin tu gloria bendita que haría yo.
Ay de mí sin el baile más sencillo y complicado de todos.
Ay de mí sin mi pareja de glúteos a los que agarrarme.
Y es que tú quieres que sea tuya, y soy tuya, pero sólo un poco y no para siempre.
Hasta que se desgasten nuestros labios de besarse, hasta que nos duelan las rodillas de tanto bailar, hasta que las voces se nos terminen antes de salir, sólo hasta entonces seré tuya, sólo un poco y no para siempre.
Ese trocito que nos une y no nos separa, ese baile que nos hace girar y girar, ese trocito de mí que no habla con coherencia pero si con sinceridad, ese trocito que, me hace un poco tuya, porque no se lo doy a nadie más.
Ese trocito que me hace un poco tuya porque de mí, ya no será. Ese trocito de felicidad que comparto contigo, ese trocito de día que aparto para ti.
Tú me quieres tuya, y soy tuya, pero sólo un poco y no para siempre.

Rojo, fuego y cristal.

Salta el fuego de repente, de tu corazón al mío, ardiente.
Salta el fuego y explotan los cristales, y nos llevan por delante.
Salta el fuego y mi corazón, se salta un latido.
Las llamas lo cubren todo y el dolor es tan intenso como rojo.
Los oídos se me hacen a un pitido bermellón mientras volamos a cachitos negros junto a los cristales, al lado de, dentro de, a través de, incrustados a, los cristales, rojos y negros. De nuestra sangre fundiéndose con el fuego que se han convertido en carbón y cenizas.
Rojo y negro.
Ya no estoy enfadada ni triste. Estoy asustada. 
He visto la muerte tras mis ojos y todavía me duelen. Te confieso que a veces creo que ese día morí, y me toco el cabello rojo con los dedos negros y nunca me confirma lo contrario.

Me gustaría poder, algún día, dejar de aullarle a ella.

Me gustaría, poder,algún día hacerte temblar las piernas como haces tú con las mías.
Me gustaría, poder, algún día, decirte palabras de amor sin agonías.
Me gustaría, poder, algún día, decirte te quiero sin añadir en mi cama.
Me gustaría, ser de aquellos poetas que hablan más de amor que de sexo, que escriben más de paz que de guerras. Pero, es que yo ni siquiera soy poeta.
Me gustaría quererte sin más, y quererte sin peros.
Me gustaría decirte cosas como "Tus ojos inundan mi cielo, y no puedo respirar entonces sin tus besos". Y sólo me salen cosas como "Un beso tuyo supera cualquier cama".
Perdóname, que yo te prometo que algún día, antes de perderte, podré explicarte lo que siento sin meter un gemido entre mis palabras. Que yo te prometo que conseguiré dedicarte palabras de amor y no sólo de sexamor.
Pero no puedes cambiar a un lobo de la noche a la mañana, pues la Luna ha sido mi única y fiel amada, no la puedo dejar marchar sin más. No le puedo dejar de aullar, ella me mirara cada noche disgustada.
Entiéndelo, es que, es la Luna.
¿Quién es el sin alma que pueda hacerla llorar?

Voy siempre detrás del error de consumirte.

Te observo por el rabillo del ojo, desnudo y cansado.
Relajado y durmiendo, y no me es suficiente.
Las palabras que han salido de esos labios que tanto placer me han dado estaban bañadas en rencor y rabia.
Parecía odio, parecía verdad.
Me has clavado un dardo envenenado en mi arteria aorta con la misma fuerza con la que me muerdes el cuello y me llamas mi amor.
El veneno se ha esparcido por mi sangre como se esparce tu saliva entre mis pechos mientras te pido perdón en absoluto silencio.
Te observo exhausto bañado en mi aroma y en mi esencia, y no, no es suficiente.
Cada vez que tus labios me rozan tu veneno me da taquicardia, tu olor me produce dolor, pero, tu ausencia, la cama vacía, y las sábanas limpias me son insoportables.
Y entonces te pido perdón con odio, con rabia, con pena y sin gloria ni esperanza.
Porque ni sé lo que he hecho mal ni has entendido nada de mí.
Te galopo y te mando aunque no quieras, te araño y te beso con furia hasta las ojeras. Y empieza entonces la guerra, me quieres atar a tu cabezal, que sea sólo tuya y para siempre. 
Quieres mandar y me dices todo eso que me envenena y me hace sentir que no siento nada.
Yo sé que hay de verdad en tus palabras, sé que es verdad que no me quieres, ni libre, ni enjaulada, sólo triste y enfadada.
Sé que es mentira que me dejarías marchar, no sin marcarme primero como a un animal de corral. Sé también, que yo no voy a ser tu animal de corral, tú también lo sabes, y te duele.
Me dices mientras me acaricias como a una cachorra de lobo "Niña, yo te quiero, joder, te quiero de verdad".
Pero no es suficiente.
Ni que grites mi nombre me hace más tuya, ni que me hagas daño significa que te quiera.
Te lo he dicho muchas veces, no te puedo querer, eres un veneno, una droga, sé que después del orgasmo me harás daño, y por eso no es suficiente, no quiero ser otra drogodependiente más inflando tu lista.
No, no es esto suficiente.

domingo, 12 de julio de 2015

Una chica que prefiere un enjambre en la vagina antes que unas mariposas en el estómago.

Haré de tripas corazón y del corazón una piedra, para lanzártela, a ver si así consigo llegarte al tuyo.
Prefiero que me ahogue mi orgullo a que me asfixie tu indiferencia.
Prefiero trasnochar en otras camas, prefiero saltar por las ventanas y sólo conseguir dormir alcoholizada a soñar de nuevo con tus besos y tu piel.
¡Prefiero no saber querer a quererte a medias!
No duele tanto, mi corazón tiene callos y hasta el fuego de tu mirada tarda en quemarle.
No puedo más, prefiero estar con alguien que no me guste a estar con alguien que quiera, no vuelvo a buscar, no vuelvo a dejarme llevar, no quiero más unos besos con sentimiento. Nunca más haré el amor, sólo haré la guerra. Me volveré una guerrera y olvidaré a la amante, aprenderé a usar la espada y el escudo y olvidaré como se cuidan las heridas y se dan los besos de buenos días.
Me olvido, de volver a soñar con alguien despierta, me olvido, de la sensación de querer, de la felicidad de latir a la par y de los besos que suenan a música de jazz.
Aprenderé, a cabalgar un caballo y escudarme del fuego enemigo, a huir de los malos y esconderme en las trincheras cuando haya una rebelión.
Me olvido de quererte y ser valiente, y aprenderé a ser inteligente. 
Buscaré sólo enjambres de abejas en la vagina que sepan hacer miel pero que no sepan subir y convertirse en mariposas.
Seré, como siempre he sido y tanto me han recriminado, una chica que sólo quiere que le tiemblen las piernas y no las manos.
Seré todo lo que este lejos de ser algo que pudiera estar cerca de ti.

Que yo sólo luchaba cuando luchaban por mí.

Y cuando pienso que no, que ya está, que ni te quiero ni te dejo de querer me doy cuenta de que eres lo mejor que voy a poder conseguir nunca.
Soy demasiado impulsiva, si me enfadas, si me entristeces, sino siento que tú sientes, yo me acobardo, me enorgullezco, me agilipollo, sí, me vuelvo idiota.
Y me voy en busca de otros que sí me sepan querer, y me voy en busca de otros que me digan que saben querer. Confunden el sexo con el amor, confunden dar orgasmos con dar felicidad. Y yo también.
Te quiero aquí, junto a mí, ¿Quién puede darme eso que tú tienes y no sé lo qué es?
Y me enfado, y me enorgullezco, y me agilipollo porque te quiero y no te quiero, y te quiero y no te quiero querer.
Y me asusto porque soy cobarde, y no te dejo dormir cuando dormimos porque pienso que así no me querrás dejar marchar. Y te doy todo lo que sé darte, tragándome mi orgullo y comiendo cobardía.
Y te araño con rabia porque quiero que te duela la piel la mitad de lo que me duele a mi el corazón. Y te beso con fuerza para que sientas con fuerza algo de mí, y grito tu nombre para que creas que sólo grito el tuyo.
Y te odio, y te odio tanto, que tengo que buscar a otros que me quieran, y cuando ellos no valen, porque ninguno me valdrá teniéndote a ti, pienso que nunca tendré nadar mejor que tú, que nunca encontraré el amor sino es entre tus besos.
Pero "para, para qué quererte tanto, si después, si después te vas".
Y ojalá puedas tú también pensar algún día que me tuviste mil días en tu cama y no me supiste aprovechar, pero ¿Cómo vas a llegar a eso? ¡Si no soy capaz de separarme de tus labios!
No me quiero alejar de ti, por si tú te alejas de mí entonces, por si yo conozco a alguien y tú conoces a alguien mejor que yo. Alguien que te deje sin aliento y te rompa el corazón cada mañana para rehacértelo cada noche entre gemidos, gritos y aclamaciones a todos los santos.
¡No te quiero querer! ¡No te quiero perder! Pero ni siquiera te tengo, y he de aceptarlo.
Que por una vez en mi vida, yo voy detrás, que por una vez en mi vida, alguien me importa tanto que no quiero buscar a nadie más. Que por una vez en mi vida quiero ser más valiente que inteligente. Arriesgar en vez de planear más. Que por una vez en mi vida elijo las mariposas en el estómago antes del enjambre en la vagina.
Por una vez elijo querer. A ti.
No quiero darte mi corazón, porque ni a mí me pertenece ya, pero me gustaría darte el resto de mi vida.
Me gustaría darte el resto de mis días, de mis besos, de mis alaridos y gemidos.
Me gustaría darte. Dártelo todo.


miércoles, 8 de julio de 2015

A veces no hay tiempo para decir adiós.

"No llores más". Te digo mientras el dolor de esos ojos más azules que el jodido océano me traspasan su dolor a mis ojos que son pura tierra. La magia de tus ojos ahoga mi escepticismo, enfrían mi calor.
Y me duelen tus lágrimas más que la sangre que brota de mi estómago.
Y sigues llorando sin consuelo, gritando con miedo y dolor.
Y te abrazo con el mismo cuidado que has tenido tú para confesarte, sin mirarte a los ojos porque, me duelen.
Y se juntan la sangres de nuestras heridas con tal armonía que no se pueden diferenciar, como si toda la vida hubieran estado juntas.
Y tus lágrimas me agotan, se me cansa el alma, que sólo desea dormir en este pequeño refugio tan cerca del cielo que hemos podido encontrar.
Y te escucho deseando poder hacerte callar, porque te quiero sí, y porque no puedo dejar de pensar en dormir. También.
Y aprieto tu cabeza contra mi pecho, para que oigas mi corazón latiendo sí, y porque así los decibelios de tus gritos y lágrimas disminuyen.
Y es que yo sigo sangrando, luchando entre la valentía, la cobardía y la temeridad. Entre la esperanza, el dolor y el cansancio. Entre seguir oyendo tus lágrimas sin poder hacer nada, llorar hasta quedarme dormida junto a ti o irme lejos hasta que dejes de llorar.
Y te quiero, claro, tus ojos azules como el mar por la noche me hacen querer bucear en ti toda la vida, tus lágrimas me escuecen en la piel tanto como en el corazón. Y tu dolor es mi dolor, igual que lo son tus monstruos y lo son tus ojos.
Pero no puedo más, lloras por la muerte, y la muerte es lo único que no podemos cambiar.
¡No vendrán a resucitarlos, no existe magia ni poder divino que levante a un muerto de la tierra!
Quiero gritarte, porque te quiero, pero estoy muy, muy cansada. Tan cansada como triste, tan derrotada como, que quiero llorar. 
Quiero llorar contigo hasta quedarme dormida. Pero llorar desconsoladamente por la muerte, es admitir que no podemos aceptar el ciclo de las cosas. Además siento que me vaciaré a la velocidad que baja una cascada.
Yo tampoco quiero aceptarlo, yo también lo recuerdo y me duele, pero pienso en el ahora, y creo que nosotros estamos peor. Nos queda mucho, mucho para sobrevivir, demasiado para llegar a vivir.
Te quiero sí, pero ojalá dejarás de llorar para poder llorar yo también.